1931- 1936
A75 años de la caída de la monarquía y el inicio de la revolución española

La lucha por el socialismo más vigente que nunca
Recuperar la memoria para preparar el futuro


 
Revolución y Contrarrevolución en España (3)

Juan Ignacio Ramos

La sublevación fascista es derrotada por la revolución

 

No fue el gobierno republicano, en el que los dirigentes reformistas del PSOE y los líderes estalinistas habían confiado, el que paró el levantamiento. Fue una vez más la acción independiente de la clase trabajadora, el heroísmo, la decisión y audacia de miles de obreros que con métodos de lucha de clases, la huelga general y la insurrección armada abortaron el triunfo inmediato del fascismo. Consciente del enorme peligro a que se enfrentaba, a diferencia de lo ocurrido en Alemania o en Austria, los obreros y la juventud española no esperaron las órdenes y las consignas de sus dirigentes reformistas, por otra parte inexistentes, y se lanzaron a apropiarse de las armas y asaltar los cuarteles. En Barcelona, al igual que Azaña en Madrid, Companys, presidente de la Generalitat, se negó a distribuir armas entre los trabajadores. Militantes de la CNT y del POUM asaltaron armerías, tiendas de caza, obras en construcción en busca de dinamita, requisaron las armas que los fascistas ocultaban en sus casas, así como todos los automóviles que pudieron encontrar. Con este escaso material se enfrentaron en una lucha desigual desde el punto de vista militar a las tropas que los fascistas movilizaron. Sin embargo, su arrojo, su moral, su confianza, desmoralizó a los soldados, muchos de los cuales abandonaron su posición para pasarse al bando del pueblo. A pesar de los centenares de obreros que murieron, en la tarde del 19 de julio cayó preso el general Goded. El pueblo en armas había derrotado la sublevación en toda Catalunya, ante la pasividad del gobierno de la Generalitat que quedó suspendido en el vacío, sin ninguna base segura en la que apoyarse. Una situación parecida se vivió en Madrid, donde miles de obreros y jóvenes reagrupados el mismo 18 de julio comenzaron la tarea del armamento. Comunistas, socialistas, anarquistas levantaron barricadas en las zonas claves de la ciudad, requisaron y asaltaron los depósitos de armas que pudieron y se arrojaron muchos de ellos con las manos vacías a la conquista del Cuartel de la Montaña que pasó después de horas de intenso combate a manos de los obreros. La misma actitud de los obreros se repitió en cientos de pueblos y ciudades importantes del país: Valencia, Gijón, Málaga, Santander, Bilbao, Badajoz, Cáceres… En otras, fundamentalmente Andalucía, los fascistas tuvieron que emplearse a fondo en una represión salvaje contra los obreros en huelga que con las armas en la mano intentaban abortar la sedición.La clase obrera española volvió a escribir una página heroica de su historia: lo que pretendía ser un triunfo militar aplastante de la contrarrevolución, se transformó en el inicio de la revolución socialista de las masas trabajadoras. El levantamiento fascista encontró con poderosas dificultades en el ejército, donde los marineros, tradicionalmente provenientes de las filas de obreros más cualificados y vinculados a las organizaciones de clase, salvaron la mayor parte de la flota, amotinándose y deteniendo a los oficiales insurrectos. Eligieron en muchos barcos Comités de marineros para coordinar la acción con los comités obreros surgidos en la península. Incluso los oficiales de aduanas en la frontera fueron desplazados por soldados armados. El levantamiento armado de los trabajadores fue la señal inequívoca de un cambio dramático en la situación. En centenares de grandes y pequeñas ciudades, de pueblos, el poder real ya no se encontraba en los gobiernos civiles o ayuntamientos. Las instituciones "legales" del Estado republicano habían dejado de funcionar, y en la práctica el único poder real existente era el de los obreros en armas y sus organizaciones, que inmediatamente empezaron a formar y desarrollar sus comités y sus milicias para establecer la defensa armada de sus ciudades y la ofensiva militar contra el levantamiento fascista. Azaña y el gobierno de Barrio quedó literalmente arrinconado en el limbo de los justos, incapaces de reaccionar ante la enérgica actuación de las masas y obligados a sancionar lo que en la práctica eran ya hechos consumados.

 

 

Doble poder

 

Una situación de doble poder se extendió por todo el país. Cada distrito, ciudad y pueblo organizó su comité militar para armar a las masas e instruirlas. Los comités de fábrica UGT-CNT, encabezando al conjunto de los obreros organizaban la actividad económica, los partidos y los sindicatos organizaban sus propias milicias para defenderse y preparar la ofensiva en el terreno militar. En Catalunya, donde el proceso había llegado más lejos, el Comité Central de Milicias Antifascistas era el auténtico poder en toda la región, y el más importante de los órganos del nuevo poder obrero; de sus quince miembros, cinco eran de CNT-FAI, UGT tenía tres a pesar de su debilidad numérica, POUM uno, Unión de Rabassaires uno y PSUC uno.Marx y Engels subrayaron que en última instancia el Estado son grupos de hombres armados en defensa de la propiedad privada. El Estado burgués en la España republicana había sufrido un golpe durísimo. Sin fuerzas armadas leales, sin instituciones con poder real, enfrentados al armamento de los trabajadores que se sentían fuertes, Azaña podría implorar pero no gobernar. ¿Quién puede imaginar condiciones más favorables para la toma del poder y el establecimiento de una república socialista que organizase una guerra revolucionaria contra el fascismo?.Unido a las medidas militares se tomaron medidas en la economía, sobre todo en Catalunya donde una semana después del 19 de julio el transporte y la industria estaban en manos de comités conjuntos CNT y UGT.Las milicias obreras, los comités sindicales de control sobre la producción y las colectividades en el campo, especialmente en Aragón tras el avance de las milicias anarquistas, constituían los embriones del nuevo poder obrero.En el terreno militar se demostró la superioridad en la lucha de los métodos revolucionarios. En los primeros meses que el Comité Central de Milicias Antifascistas de Catalunya existió, sus campañas militares iban paralelas a sus actos revolucionarios. Esas milicias conquistaron Aragón como un ejército de liberación social. En cada pueblo que conquistaban, organizaban una plaza segura de la revolución, quemando los títulos de propiedad, expropiando a los terratenientes y estableciendo las colectividades. Es posible que algún pequeño o mediano propietario pusiese mala cara, pero las masas campesinas comprendían que su lucha estaba ligada a la defensa de unas mejores condiciones de vida para ellos y sus hijos. Alrededor del Comité Central de Milicias se concentraron multitud de comités de fábricas, pueblos, abastecimientos, etc. Establecer pues la coordinación estatal de todos estos comités, con delegados elegidos desde la base y revocables, que estos comités centralizaran y dirigieran democráticamente la vida económica, política y social del país, era el camino para consolidar la democracia obrera creciente:"…La realidad es que a pesar del surgimiento del doble poder, a pesar del alcance del poder del proletariado en las milicias y su control de la vida económica, el Estado obrero permanecía embrionario, atomizado, dispersado en las diversas milicias, comités de fábricas y comités locales de defensa antifascista constituidos conjuntamente por las diversas organizaciones. Nunca se llegó a centralizar en consejos de soldados y obreros a nivel nacional, como se hizo en Rusia en 1917 y en Alemania en 1918-19.A pesar del peso numérico y del poder del proletariado español, nunca se traspasó este nivel. A nivel local y en cada columna de milicias, el proletariado mandaba; pero en la cumbre estaba sólo el gobierno. Esta paradoja tiene una explicación muy sencilla: no había partido revolucionario en España listo para potenciar la organización de soviets de manera audaz y consciente…"(16).Los dirigentes de los partidos obreros, con especial ahínco los estalinistas y los líderes más derechistas del PSOE, Besteiro e Indalecio Prieto, profundizaron su política de colaboración de clases a través del Frente Popular.El objetivo en la lucha contra el fascismo era defender la democracia burguesa, la república democrática, como subrayaban una y otra vez los dirigentes estalinistas. Pero la república democrática que no había hecho nada por impedir el levantamiento fascista, se enfrentaba ahora a los obreros armados que empezaba a organizar su propio poder. En la práctica la política del frente popular y del estalinismo se transformó en toda una cadena de medidas dirigidas a someter el poder independiente de los obreros a los intereses de la burguesía republicana. En otras palabras acabar con la revolución en la zona republicana en beneficio de la defensa de la "República democrática" y de los aliados burgueses en el Frente Popular:"…El hecho más sorprendente, desde el punto de vista político, es que, en el frente popular español, no había en el fondo, ningún paralelogramo de fuerzas: el puesto de la burguesía estaba ocupado por su sombra. Por medio de los estalinistas, los socialistas y los anarquistas, la burguesía española subordinó al proletariado sin ni siquiera tomarse la molestia de participar en el frente popular: la aplastante mayoría de los explotadores de todo los matices políticos se habían pasado al campo de Franco. La burguesía española comprendió, sin ninguna teoría de la revolución permanente, desde el comienzo del movimiento revolucionario de las masas, que cualquiera que fuera su punto de partida, ese movimiento se dirigía contra la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción, y que era imposible terminar con él con los medios de la democracia. Por esto solo quedaron en el campo republicano residuos insignificantes de la clase poseedora, los señores Azaña, Companys y sus semejantes, abogados políticos de la burguesía, pero en absoluto la burguesía misma. Las clases poseedoras habiéndolo apostado todo a la dictadura militar, supieron, al mismo tiempo, utilizar a los que ayer eran sus representantes políticos para paralizar, disgregar y luego asfixiar el movimiento socialista de las masas en territorio republicano…"(17).¿Pero cómo reconstruir el poder de la burguesía en la zona republicana? Al gobierno de Madrid y a la Generalitat le faltaba el instrumento más importante: las fuerzas armadas. El ejército se había pasado a Franco, exceptuando la marina y buena parte de la aviación, la policía regular no existía como fuerza dependiente del gobierno. Por otra parte era necesario terminar con los "excesos" revolucionarios que habían amenazado la propiedad privada de las fábricas y las tierras, e impedir a toda costa que el movimiento se desarrollase y adoptase medidas socialistas de nacionalización de la banca. En la medida que los partidos obreros se negaron a tomar el poder, formar soviets y emprender una guerra revolucionaria dejaron en manos de los burgueses liberales la lucha contra el fascismo y, junto a los estalinistas, lo primero que reclamaron fue la reconstrucción del poder burgués en la zona republicana. No obstante enfrentarse abiertamente a las masas armadas no era un ejercicio recomendable. Se trataba de reconstruir ese poder a través de la participación en el gobierno de dirigentes obreros de reconocido prestigio que pudiesen reconducir la situación.El 4 de septiembre de 1936 Largo Caballero es nombrado Presidente del gobierno. La presentación de su programa fue toda una declaración de "principios": "Este gobierno se constituye con la renuncia previa de todos su integrantes a la defensa de sus principios y tendencias particulares para permanecer unidos en una sola aspiración: defender España en su lucha contra el fascismo". (Claridad, 1 de octubre de 1936).La izquierda caballerista había mostrado sus discrepancias con el acuerdo de Frente Popular, porque recordaba la política de coalición con los republicanos en 1931. Sin embargo, con perspectivas confusas, sin un programa marxista, la izquierda socialista que al principio se pronunció en contra de separar la guerra de la revolución actuó como la cobertura de izquierdas del Frente Popular.

 

 

Los efectos políticos de la colaboración de clases

 

Para las masas de la clase obrera y los jornaleros las condiciones de vida seguían siendo insoportables. No podían esperar que se tomaran medidas después de ganar la guerra. Exigían cambios urgentes e inmediatos de sus condiciones y precisamente esa urgencia era la causa de todas las medidas revolucionarias adoptadas en los meses posteriores al 18 de julio. Para una dirección marxista la guerra civil contra el fascismo hubiera tenido un contenido revolucionario. En cualquier conflicto que enfrenta a la clase dominante contra el pueblo, este último siempre tendrá inferioridad en el plano militar, ¿por qué entonces se producen revoluciones victoriosas? ¿Cómo pudieron vencer los bolcheviques en la guerra civil rusa a un ejército combinado de 23 potencias imperialistas? Nos referiremos más tarde a ello.La tarea de reconstruir el Estado burgués fue realizándose meticulosamente. En Catalunya los dirigentes anarquistas de la CNT, que tenían todo el poder real en sus manos consintieron entregarlo a la Generalitat de Companys. Todo el sacrifico, el esfuerzo de miles de hombres y mujeres fue lo que realmente paró el levantamiento y ese mismo impulso revolucionario, con la complicidad de todos los dirigentes obreros, se sometió a los órganos de poder republicanos. En Catalunya donde el doble poder había llegado más lejos, la Generalitat burguesa recondujo paulatinamente la situación. En septiembre de 1936 se constituyó el nuevo gobierno de la Generalitat con tres ministros de Esquerra Republicana, tres de la CNT, tres de Unión Campesina, uno de Acció Catalá, dos del PSUC y uno del POUM.La primera medida decisiva fue la disolución del Comité Central de Milicias, cuya autoridad recayó en los ministerios de Defensa y Seguridad interna; pero no fue la última. Un decreto publicado el 9 de octubre de 1936 señalaba: "Artículo primero: se disuelven en Catalunya todos los comités locales, cualesquiera que sean sus nombres o títulos, junto con todas las organizaciones locales que pudieran haber surgido para aplastar al movimiento subversivo, sean sus objetivos culturales, económicos o de cualquier otra especie"."Artículo segundo: cualquier resistencia a dicha disolución será considerada un acto fascista y sus instigadores entregados a los tribunales de justicia militar".La disolución de los comités populares en Catalunya marcó el primer avance de la política contrarrevolucionaria en terreno republicano. El otro jalón importante en la consolidación del estado burgués se dio el 27 de octubre de 1936, cuando se promulgó el decreto de desarme de los obreros:"Artículo primero: todas las armas largas (fusiles, ametralladoras, etc.,), que obren en poder de los ciudadanos serán entregadas a las municipalidades, o requisadas por ellas, dentro de los ocho días siguientes a la promulgación de este decreto. Las mismas serán depositadas en el Cuartel General de Artillería y el Ministerio de Defensa de Barcelona para cubrir las necesidades del frente"."Artículo segundo: Quienes retuvieron tales armas al fin del período mencionado serán considerados fascistas y juzgados con todo el rigor que su conducta merece".Los decretos no dejaban margen de duda. Se trataba de someter a los obreros a la política del gobierno. ¿Qué hicieron el POUM y la CNT ante estas disposiciones? Aunque en palabras los dirigentes del POUM, abogaban por el poder obrero, las milicias y la revolución, en los hechos consintieron todos estos decretos que fueron además aprobados con su consentimiento en el gobierno de la Generalitat. En el caso de la CNT ocurrió igual. Los líderes anarquistas que entregaron el poder a Companys no dudaron tampoco en someterse a la política de la burguesía liberal y el estalinismo. Otra cosa diferente fue la reacción de los militantes poumistas y cenetistas que habían protagonizado el levantamiento y que desconfiaban y en muchos casos se oponían frontalmente al desarme de los obreros y la liquidación de los comités. En el POUM la sección madrileña aprobó por inmensa mayoría un programa de oposición basado en una política leninista. En Barcelona el movimiento opositor a la política de Nin, Andrade y Gorkin también se desarrolló con fuerza. El instinto revolucionario y la experiencia vivida bajo la república democrática había escaldado a miles de obreros y en la práctica, la política del frente popular entraba en contradicción con las aspiraciones revolucionarias de los trabajadores. El programa del gobierno de Largo Caballero discurrió por el mismo camino que el de la Generalitat. Presionado por los estalinistas, la tarea más importante que se impuso fue la reconstrucción del ejército regular, y la liquidación de las milicias obreras.S talin, que desde el comienzo de la guerra civil se había sumado al Comité de No Intervención, quería demostrar a sus aliados imperialistas (Francia y Gran Bretaña), que no tenía la menor intención de favorecer una revolución socialista en España. El gobierno de Largo Caballero repitió la política de conjunción republicano-socialista de 1931-1933.En lugar de aprobar un decreto de nacionalización del campo en todo el país, ligado a la nacionalización de la banca para poner todos los recursos financieros al servicio de los intereses de los trabajadores y los campesinos, promulgó un decreto sobre la tierra (el 7 de septiembre de 1936) en el que se limitaba a legalizar el reparto de haciendas de conocidos fascistas.En la política respecto a las colonias, la postura de Largo Caballero y su gobierno fue una continuación de la practicada por los anteriores, negando el derecho de autodeterminación para Marruecos, para no ofender a los imperialistas franceses y poner en peligro sus intereses en Africa.Abd-el-Krim, el líder nacionalista marroquí exiliado en Francia, envió una carta a Largo Caballero pidiéndolo que interviniese ante León Blum para que se le permitiese volver a Marruecos con el fin de dirigir una insurrección contra Franco. Pero Largo Caballero no intervino y Blum dirigente socialista del Frente Popular francés tampoco hizo nada. La banca siguió controlada por el gobierno y sus socios burgueses. Largo Caballero tan solo estableció el control de los sindicatos para evitar la fuga de capitales, pero las industrias y el campo estaban a merced de la banca que con toda facilidad podían negarse a concederles los préstamos necesarios para su actividad. El gobierno también estableció reparaciones para compensar a los antiguos dueños de tierras colectivizadas, que fueron indemnizados, y devolvió la propiedad de las fábricas a los dueños extranjeros y nacionales que en las primeras jornadas habían sido expulsados. Los líderes estalinistas españoles fueron los primeros en exigir la liquidación de las milicias y en someter a sus milicianos a los oficiales de Azaña; fueron los más activos defensores de la reconstrucción del Estado burgués. Miles de comunistas combatían sinceramente por el triunfo de la revolución. Militantes abnegados y sacrificados seguían las siglas del PCE porque representaban la tradición de Octubre y del socialismo. No se puede decir lo mismo de sus dirigentes, que aplicaron con vehemencia la política de Stalin en todos los terrenos."Es totalmente falso, declaraba Jesús Hernández, editor de Mundo Obrero (6 de agosto de 1936), que el objetivo de esta movilización obrera sea la instauración de una dictadura proletaria al fin de la guerra. No puede decirse que tengamos un fin social para participar en la guerra. Los comunistas somos los primeros en repudiar semejante suposición. Nos motiva únicamente el deseo de defender la República Democrática...".L’Humanité, órgano del partido Comunista Francés publicó a principios de agosto la siguiente declaración:"El Comité Central del PCE nos solicita que informemos al público, en respuesta a los informes fantásticos y tendenciosos de ciertos diarios, que el pueblo español no busca la instauración de la dictadura del proletariado, sino que conoce un solo objetivo: la defensa del orden republicano, respetando la propiedad".Las intenciones en el terreno práctico del estalinismo eran públicas, y por si acaso, José Díaz, Secretario General del PCE, subrayaba con trazo grueso lo que era permisible y lo que no: "Si bien al comienzo los distintos intentos prematuros de ‘socialización’ y ‘colectivización’, fruto de la falta de claridad, en cuanto al carácter de esta lucha, puedan haber estado justificados por el hecho de que los grandes terratenientes, industriales, etc., habían abandonado sus tierras y fábricas, y había que seguir produciendo a toda costa, ahora no existe la menor justificación. En la actualidad cuando existe un gobierno del Frente Popular, representativo de todas las fuerzas empeñadas en la lucha contra el fascismo estas cosas no solamente son indeseables, sino totalmente impermisibles".Los dirigentes del PCE adoptaron una línea de actuación basada en liquidar los embriones de poder obrero, restablecer la "legalidad" republicana, y someter al conjunto de la clase obrera a la táctica de "ganar primero la guerra y luego hacer la revolución".Este eslógan repetido con vehemencia hasta en el último rincón, era clave para el objetivo que perseguían los republicanos y los líderes estalinistas: disolver las milicias obreras, fuera del control del gobierno y ligadas directamente a la conciencia revolucionaria de las masas. Liquidar el armamento independiente del proletariado era una condición indispensable para ahogar el movimiento revolucionario. Toda la maquinaria propagandista de la Internacional Comunista estalinizada se puso a trabajar en este objetivo. Las milicias fueron calumniadas y desprestigiadas. Se hablaba de la indisciplina, la "anarquía". Incluso se hicieron populares las insinuaciones sobre las orgías y la prostitución que según fuentes del gobierno minaban la moral combatiente. Para terminar con este modelo de desorganización militar, incapaz de competir en la batalla contra el ejército profesional de Franco, el gobierno del Frente Popular levantó la bandera del Ejército Regular republicano, con el restablecimiento de la disciplina, el mando, la estructura... burguesa. Las tareas policiales que en los primeros meses de la insurrección recayeron en las patrullas obreras en Barcelona, y en las milicias de retaguardia en Madrid y Barcelona, fueron sometidas de nuevo al control de la Guardia Civil, rebautizada por Largo Caballero como Guardia Nacional Republicana. La fuerza de Carabineros, (encargada de las aduanas), se reconstruyó hasta alcanzar más tarde bajo el gobierno de Negrín los 40.000 efectivos. El gobierno para aumentar el control sobre estas fuerzas, aprobó un decreto prohibiendo la pertenencia a ningún partido y sindicato de los miembros de la Guardia Nacional, de Asalto, o de los carabineros. En Catalunya la cosa fue diferente, porque la influencia del estalinismo entre otras razones era mucho menor. Cuando el Ministro de Orden Público de la Generalitat, Jaime Andrade, intentó aplicar un decreto similar y disolver las patrullas obreras, se encontró con la resistencia de los militantes de CNT, FAI y POUM que hicieron fracasar su intentona.

 

 

La liquidación de las milicias

 

Probablemente un tercio de las fuerzas militares en la zona republicana estaban bajo control de la CNT. Las milicias anarquistas habían logrado grandes éxitos en la conquista de Aragón con una política militar revolucionaria.Los decretos de reclutamiento y militarización fueron aprobados en septiembre de 1936, con el apoyo de los líderes de la CNT y POUM, que publicaban folletos a favor de un ejército disciplinado y de un mando único.La cuestión fundamental no era la necesidad de centralización y la disciplina más férrea, objetivo que estaba fuera de toda duda. El punto central cuando tratamos los aspectos militares en una guerra civil es precisamente qué clase social controla el ejército, la burguesía o el proletariado, con qué fines y con qué objetivos se lucha.No es posible tener un ejército proletario en el seno de un estado burgués. Para tener un ejército capaz de luchar contra el fascismo, librando una guerra revolucionaria, el proletariado debía tomar el poder y poner todos los recursos del Estado bajo su control.La experiencia militar de la revolución y la guerra civil rusa fueron extraordinariamente claras. ¿Cómo pudieron vencer los bolcheviques? ¿Acaso porque tenían más armas que los ejércitos imperialistas, más cuadros técnicos que el ejército blanco contrarrevolucionario? Una y mil veces no, esta no fue la razón. El factor decisivo de la victoria de los bolcheviques fue que disponían de una clara estrategia revolucionaria y por tanto de métodos revolucionarios."En una guerra civil", escribía Trotsky, "una parte fundamental de la lucha se desarrolla en el terreno político. Los combatientes del ejército republicano tienen que tener conciencia de que combaten por su completa emancipación social y no por restablecer las anteriores formas de explotación. Lo mismo debe hacerse comprender a los obreros y sobre todo a los campesinos tanto en la retaguardia del ejército revolucionario, como en la del ejército campesino...".La disciplina fue decisiva para el triunfo del Ejército Rojo en la guerra civil rusa, pero ésta surgía del grado de convencimiento de la tropa, de su compromiso con los objetivos de la lucha. La moral de los soldados rojos en Rusia provenía precisamente de que estaban convencidos de que libraban una guerra revolucionaria contra el zarismo y los imperialistas. Su lucha no era a favor de la "democracia burguesa" de los Kerenski y Tseretelli de turno, que ya habían demostrado la verdadera naturaleza de clase de su política, sino a favor del futuro de sus familias, de la tierra y las fábricas que habían expropiado a los terratenientes y burgueses, de la nueva sociedad que estaban construyendo. Cuando estas ideas penetraron en la conciencia de miles de soldados rojos se convirtieron en una fuerza imparable.Muchos dirigentes de la CNT y del POUM, explicaban que era necesario aceptar la disolución de las milicias y la formación de un ejército regular porque eran las condiciones que Stalin imponía para enviar nuevos cargamentos y material de guerra al bando republicano. Los líderes anarquistas, si hubieran adoptado una firme política revolucionaria, habrían continuado la ofensiva en Aragón y denunciado ante la clase obrera las condiciones contrarrevolucionarias exigidas por Stalin.Además convertir una parte importante de las industrias civiles en fábricas de guerra era totalmente posible, si los obreros y sus comités con un programa revolucionario hubieran tenido el poder en sus manos. El problema era precisamente que el poder se encontraba del lado de la burguesía republicana, los nacionalistas catalanes y vascos y los dirigentes estalinistas."Las condiciones para la victoria de las masas en la guerra civil contra los opresores son:1.- Los combatientes del ejército revolucionario deben tener plena conciencia de que combaten por su completa emancipación social y no por el restablecimiento de la vieja forma (democrática) de explotación.2.- Lo mismo debe ser comprendido por los obreros y campesinos, tanto en la retaguardia del ejército revolucionario como en la del ejército enemigo.3.- La propaganda, en el frente propio, en el frente adversario y en la retaguardia de los dos ejércitos, tiene que estar totalmente impregnada por el espíritu de la revolución social. La consigna: "primero la victoria, después las reformas", es la fórmula de todos los opresores y explotadores.4.- La victoria viene determinada por las clases y capas que participan en la lucha. Las masas deben disponer de un aparato estatal que exprese directa o indirectamente su voluntad. Este aparato sólo puede ser construido por los soviets de los obreros, campesinos y soldados.5.- El ejército revolucionario (...) debe llevar a cabo inmediatamente en las provincias conquistadas las más urgentes medidas de revolución social...6.- Debe expulsarse del ejército revolucionario a los enemigos de la revolución socialista, es decir, de los explotadores y sus agentes, aunque se disfracen con la máscara de "democráticos", "republicanos"...7.- A la cabeza de cada división debe figurar un comisario con una autoridad irreprochable, como revolucionario y combatiente.8.- El cuerpo de mando (...) su verificación y selección debe realizarse sobre la base de su experiencia militar, de los informes aportados por los comisarios y de las opiniones de los combatientes rasos. Al mismo tiempo deben dedicarse esfuerzos en la preparación de comandantes procedentes de las filas de los obreros revolucionarios.9.- La estrategia de la guerra civil tiene que combinar las reglas del arte militar con la tareas de la revolución social...10.- El gobierno revolucionario, como comité ejecutivo de los obreros y campesinos, tiene que ser capaz de conquistar la confianza del ejército y del pueblo trabajador.11.- La política exterior debe tener como principal objetivo, despertar la conciencia revolucionaria de los obreros, los campesinos y las nacionalidades oprimidas del mundo entero...".(León Trotsky, España, última advertencia, pág. 113, 114, 115).En octubre el gobierno de Largo Caballero publicó el primer decreto de desarme de los obreros en retaguardia, y el 15 de febrero ordenó la retirada de todas las armas, incluidas las cortas a quien no tuviera "permiso legal". El 12 de marzo se ordenó a las organizaciones obreras retirar las armas cortas y largas a sus militantes y entregarlas en el plazo de 48 horas. En Catalunya los obreros anarquistas y poumistas estaban alarmados por los avances de la contrarrevolución. Este descontento de las masas, que es el producto del choque entre su conciencia revolucionaria y la política del gobierno republicano, se fue traduciendo en oposición creciente y presión a sus dirigentes. El 27 de marzo los ministros de la CNT en la Generalitat, abandonaron el gobierno catalán: "No podemos sacrificar la revolución al concepto de unidad", declaraba la prensa de la CNT, "la unidad se ha mantenido sobre las bases de nuestras concesiones". Pero en la práctica, la dirección de la CNT había aceptado todas las medidas del gobierno burgués de Companys: desarme de los obreros, decretos de disolución de milicias y patrullas obreras...En contraste con la actitud flexible de los dirigentes anarquistas que sacrificaron todos sus principios en favor de la unidad con Companys y Azaña, las masas confederales no estaban dispuestas a hacer más concesiones. El surgimiento de grupos de oposición en la CNT-FAI como "Los Amigos de Durruti", ponía de manifiesto el estado de ánimo de los obreros. Un proceso similar ocurría en el seno del POUM. Mientras Nin y otros dirigentes hablaban de revolución, en la práctica su política no se diferenciaba: aceptaron los decretos del gobierno y sometieron a su base de los dictados del frente popular. De hecho para enmascarar sus concesiones hablaban de que la dictadura del proletariado ya estaba en marcha en Catalunya en la forma de unidad de acción de los partidos y sindicatos obreros. ¡No hay más ciego que el que no quiere ver! El POUM era sin duda la organización más honesta de cuantas combatieron en la revolución. Pero la honestidad no puede sustituir un programa marxista. La política centrista de sus dirigentes provocó reacciones encontradas en la base, que no estaba dispuestas a tolerar más concesiones.

 

 

Mayo de 1937. Barricadas en Barcelona

 

Las masas que habían aplastado la insurrección fascista el 19 de julio no estaban a favor de aceptar la liquidación de su poder tan fácilmente. En el transcurso de los intentos por restablecer la legalidad burguesa en territorio republicano, todas las acciones de los trabajadores que podían transformase en una contestación al gobierno, eran evitadas.El 1º de mayo de 1937 las manifestaciones y asambleas fueron prohibidas. Mientras tanto, en las plazas donde todavía los elementos de poder obrero sobrevivían, como en Barcelona, el gobierno se esforzaba por acabar con ellos definitivamente. Durante las últimas semanas de abril los enfrentamientos entre los Guardias de Asalto y los obreros se multiplicaron: los trabajadores se negaban a ser desarmados. Pero incluso el desarme, fundamental para que el gobierno se emancipase de la amenaza de los trabajadores, se debía completar con el control absoluto de las comunicaciones, que en Barcelona todavía permanecían en manos de los comités obreros desde el 19 de julio. La Central Telefónica era un claro ejemplo de doble poder: el gobierno de Madrid se veía obligado a aceptar que sus comunicaciones con la Generalitat fueran controladas por los obreros, con el riesgo que eso suponía.Con el objetivo de eliminar este obstáculo, el 3 de mayo un destacamento de Guardias de Asalto dirigidos por el jefe estalinista del PSUC, Rodríguez Salas, desarmaron a los milicianos que se encontraban en los pisos inferiores del edificio. La reacción de los obreros anarquistas que custodiaban los pisos superiores fue inmediata y la refriega de disparos no se hizo esperar. La provocación de los líderes estalinistas, sus ansias por controlar los últimos bastiones del proletariado, desencadenó la reacción de miles de obreros en las fábricas y en los barrios que se levantaron rearmándose y construyendo barricadas.El movimiento insurreccional se extendió como la pólvora por todas las zonas de la ciudad y fuera de ella, como en Lérida donde la misma noche del 3 de mayo la Guardia Civil rindió sus armas a los obreros o en Tarragona y Gerona donde los locales del PSUC y Estat Catalá fueron tomados como medida preventiva por militantes del POUM y CNT. Los dirigentes del POUM y la CNT tenían en sus manos dar un cambio drástico a la situación. Apoyándose en el instinto revolucionario de los obreros de la ciudad podían haber tomado el poder, suprimir la Generalitat, haber restablecido un control obrero en las fábricas y las colectivizaciones en toda Catalunya, la centralización de las milicias con un programa revolucionario y hacer un llamamiento a los trabajadores del resto de la península para librarse de los dirigentes del Frente Popular. En estas condiciones y con una perspectiva revolucionaria, el fascismo podría haber sido derrotado. Las masas marcaban de nuevo con su acción el camino de la revolución socialista. Pero a pesar de su negativa a aceptar el desarme y el control de la ciudad por parte de los estalinistas, carecían de un programa político y una táctica inmediata para hacerse con el poder. El martes 4, la prensa de la CNT pedía la dimisión de Salas pero no mencionaba ni una sola palabra sobre los obreros insurrectos. Tampoco en La Batalla, órgano del POUM, se proponían consignas ni directrices. Pronto los dirigentes de la CNT optaron por pedir a los obreros que abandonasen las barricadas y se sometiesen a la disciplina del Frente Popular. En ese momento la escisión entre los militantes anarquistas, combatientes activos de las barricadas y sus líderes, alcanzó el punto máximo. Una política revolucionaria seria por parte del POUM, cuyos militantes en las barricadas fueron saludados calurosamente por los miembros de la CNT, podría haber atraído a sus filas a miles de obreros y jóvenes anarquistas. Sin embargo, los líderes del POUM cogidos de los faldones de la CNT, no tomaron ninguna iniciativa. A pesar de todo, los obreros no se movieron, rechazando las súplicas de los líderes de la CNT que ante el alcance de la situación propuso un "acuerdo" a los trabajadores insurrectos para levantar las barricadas: cada partido mantendría sus posiciones y los comités responsables serían informados si en algún lugar se rompía el pacto. Obviamente el gobierno aceptó la propuesta con tal de frenar el movimiento. Los líderes de la CNT y el POUM, contentos con las declaraciones del gobierno instaron a los obreros a abandonar las barricadas y volver al trabajo. Tan solo el pequeño grupo de los Bolcheviques-Leninistas, (sección Española de la IV Internacional), sacó un panfleto llamando a la ofensiva revolucionaria(18).El miércoles 5 de mayo, gobierno y dirigentes anarquistas fueron a Lérida a detener un grupo de 500 milicianos de la CNT y POUM que se dirigían a la ciudad en apoyo de los obreros insurrectos. El jueves 6 por el contrario, el gobierno movilizaba a 5.000 guardias de asalto desde Valencia con la intención de desarmar y proceder a la represión brutal de todos los obreros opuestos a la política del Frente Popular. Más tarde, el general Pozas enviado por el gobierno se presentaba al ministro de Defensa de la Generalitat, miembro de la CNT y le comunicaba que los ejércitos catalanes eran la cuarta brigada del ejército español. Los líderes de la CNT, sin rechistar, entregaron todo el poder militar a los mandos estalinistas enviados por el gobierno republicano. El resultado no se hace esperar: la represión se ceba contra los obreros y las patrullas que son desarmadas violentamente por los Guardias de Asalto provenientes de Zaragoza. Además de los 500 muertos, y 1.500 heridos de los enfrentamientos entre los obreros revolucionarios y las fuerzas republicanas y estalinistas, las cárceles empiezan a abarrotarse de militantes de la CNT y el POUM acusados de "contrarrevolucionarios". Fue el capítulo final de la revolución: "En lo que a Catalunya se refiere, la purga de trotskystas y anarcosindicalistas ha empezado; será conducida con la misma energía con que se ha hecho en la URSS", decía Pravda el 17 de diciembre de 1936, y no se equivocó.

 

 

Salida de Largo Caballero del gobierno. Triunfo pleno del estalinismo

 

La derrota de los obreros catalanes marcó una nueva etapa en el avance de la contrarrevolución en todo el Estado. Hasta este momento la recomposición del Estado burgués se había logrado en base a las muletas de los dirigentes más izquierdistas, empezando por Largo Caballero y los líderes de la CNT. Los errores y vacilaciones posteriores del POUM, permitieron precisamente a los estalinistas avanzar terreno más rápidamente. Stalin comprendía que los servicios prestados por el ala izquierda del Frente Popular para contener el avance de las masas habían sido muy útiles, pero representaban un estorbo en esta nueva fase de represión contra los elementos revolucionarios de la izquierda. Una ofensiva similar a la lanzada en Rusia, los tristemente famosos Juicios de Moscú, sirvió para encarcelar, y desprestigiar a los sectores más avanzados de las filas revolucionarias. Bajo la consigna, ¡abajo los trotsko-fascistas!, los estalinistas y sus aliados dieron marcha a una campaña de burdas manipulaciones y falsas acusaciones contra el POUM y sus dirigentes. Identificados como una quinta columna de Franco, para lograr su ilegalización y desmantelamiento no se ahorró en medios, desde fabricar informes falsificados hasta la detención y eliminación física de sus militantes y dirigentes, como Andreu Nin, asesinado por un grupo de la GPU rusa en colaboración con los responsables de inteligencia del PCE.Este episodio, el más negro en la historia de la revolución española, confirmaba las auténticas razones que movían la política de Stalin. Posteriormente numerosos documentos, testimonios y libros, incluso de dirigentes del PCE de aquella época han probado que la burocracia de Moscú temía por encima de todo el triunfo de la revolución socialista en España y sus efectos en el despertar revolucionario de las masas soviéticas. La revolución triunfante en España era una amenaza que era necesario aplastar. Por eso emprendieron una brutal represión, ligada a una campaña de calumnias y falsificaciones contra todos aquellos que podían despertar la conciencia revolucionaria de la clase obrera rusa. Los procesos de Moscú que acabaron con el asesinato de la vieja guardia bolchevique, y la deportación durante las grandes purgas de decenas de miles de comunistas, se extendieron también al Estado español. Stalin exigía un trabajo completo al gobierno republicano, pero Largo Caballero dirigente del ala de izquierdas del PSOE no estuvo dispuesto a participar de estas burdas maniobras. Su negativa a colaborar en la farsa de los juicios contra el POUM y en la declaración del POUM como agente de Franco en la retaguardia, provocó su salida del gobierno. Las fuerzas "leales" al Frente Popular, esto es, estalinistas, republicanos y socialistas de derechas eligieron a Negrín, socialista ultraconservador como nuevo presidente del gobierno. El nuevo ejecutivo bautizado como el de la "victoria" no hacía más que preparar el camino hacia la derrota militar, una vez aniquilado el impulso revolucionario y los órganos de poder obrero en la zona republicana.

 

 

¡No Pasarán! La heroica resistencia al fascismo en Madrid

 

Es imposible describir en un espacio limitado el comportamiento heroico del proletariado español en su lucha contra el fascismo. Hemos citado anteriormente la actitud de los obreros catalanes, pero no fueron los únicos que lucharon con valor contra Franco.El ejemplo de la resistencia de Madrid pasará a la historia como la prueba de que cuando el pueblo utiliza métodos revolucionarios es imposible vencerle. Madrid, suponía el objetivo militar más preciado para Franco. Todos los esfuerzos bélicos fascistas, una vez consolidadas sus plazas de Andalucía, Castilla y Extremadura, después de una feroz represión, eran para converger sobre la capital y forzar el reconocimiento del régimen fascista por parte de las potencias imperialistas occidentales, Francia y Gran Bretaña. Para los estalinistas la pérdida de Madrid hubiera significado un duro golpe a su prestigio, basado sobre todo en el V Regimiento, que contaba con 100.000 hombres y estaba encargado de la defensa de la ciudad. Abandonando los métodos empleados en otras zonas, esta vez las medidas militares que eran reclamadas por los sectores más avanzados de la CNT y el POUM, sí fueron aceptadas y puestas en práctica en Madrid.El gobierno y los estalinistas permitieron el desarrollo de Comités de defensa en cada barrio, que no sólo registraban los domicilios de fascistas y sospechosos de colaboración, también tenían capacidad para detener a todos los que trabajaban o se sospechaba trabajaban para los fascistas, la famosa "quinta columna". Los comités de obreros organizaron la defensa con barricadas, casa a casa, calle a calle. Se crearon comités de mujeres para ayudar a las milicias y comités de abastecimiento encargados de la alimentación y la munición. Todos estos comités desarrollaron una actividad frenética incorporando al conjunto de la clase obrera y la juventud, a las mujeres de toda la ciudad, a las tareas de la defensa. La situación era tan desesperada que incluso los estalinistas cedieron temporalmente en su campaña de calumnias contra el POUM y les permitieron participar en los comités, al mismo tiempo que recibían triunfalmente a las tropas de la CNT, comandadas por Buenaventura Durruti, contradiciendo las campañas constantes de desprestigio contra las milicias anarquistas durante su ofensiva en Aragón. Mientras muchos sectores de la izquierda, incluido dirigentes de la CNT, POUM y del ala caballerista del PSOE exigieron una ofensiva general en todos los frentes para desbaratar la presión franquista sobre Madrid, la propuesta fue plenamente ignorada por el gobierno. Cuando la presión mayor cedió a partir de enero de 1937, y el ejército franquista dirigió sus objetivos militares hacia Catalunya, los estalinistas recurrieron a la misma política de antaño: "no poner como objetivo de la guerra otro que defender la democracia". De nuevo se volvió a la política represiva contra los elementos más destacados del ala de izquierda, se suprimieron los comités obreros, se prohibió la prensa y radio del POUM....

 

 

La política del gobierno Negrín

 

A la represión del movimiento obrero catalán en mayo de 1937 y la ilegalización del POUM, se sumó la cadena de desastres en el frente militar. Todo el norte del país, cuya defensa exceptuando Asturias se puso en manos de los nacionalistas vascos, fue entregado a Franco sin apenas combate. Los dirigentes del PNV antes que demócratas eran burgueses, y como burgueses confiaban que si entregaban a Franco Bilbao, San Sebastián o Santan-der este respetaría la propiedad de sus fábricas, fábricas que luego fueron puestas a funcionar activamente en beneficio del ejército fascista. Habiendo impedido librar una guerra revolucionaria contra Franco, el heroísmo y el sacrificio de los milicianos y posteriormente de los soldados del ejército popular, no evitó que la impericia, los errores y la desidia del gobierno republicano se impusieran, abriendo el camino al triunfo fascista. En julio de 1936 Azaña disponía de cerca de 600 millones de dólares en oro, mientras que el embargo real de venta de municiones a la España republicana no fue impuesto hasta el 19 de agosto: durante ese mes no se compró apenas armamento. La Marina había quedado bajo control de la República casi en su totalidad. Podía haber sido utilizada de forma efectiva para obstaculizar el paso de las fuerzas legionarias hacia la península. Sin embargo, a mediados de septiembre el gobierno republicano obligó el traslado de casi la totalidad de la flota del Estrecho a Málaga, para permitir el "libre tránsito" de la zona, tal como exigían las potencias imperialistas que habían suscrito el pacto de no intervención. El gobierno del Frente Popular jamás hizo ningún llamamiento internacionalista revolucionario a los pueblos y trabajadores del mundo, para despertar su conciencia revolucionaria. En su lugar, se multiplicaban las peticiones, misivas y súplicas a la burguesía imperialista, francesa y británica, que obviamente temían mucho más el triunfo de la revolución socialista que el triunfo del fascismo. La política de Gran Bretaña y Francia a través del Comité de No Intervención fue la de sabotear cualquier ayuda militar al gobierno republicano, mientras consentían la ayuda masiva de Alemania e Italia al ejército franquista. Sin embargo las condiciones para una auténtica solidaridad revolucionaria entre los trabajadores estaban dadas. Pero la política del estalinismo sustituyó la acción del proletariado, tan importante en la defensa de la Revolución Rusa, cuando los bolcheviques animaron la revolución en Alemania y en toda Europa, por las medidas diplomáticas y las protestas "oficiales" en la Sociedad de las Naciones contra el apoyo de Alemania e Italia a Franco. El apoyo militar de Rusia a la República fue utilizado como una forma de condicionar la política del gobierno y del Frente Popular a las necesidades de Stalin. El grifo se abría y cerraba en función de las demandas del momento. Negrín robusteció todas las medidas restauracionistas del poder burgués iniciadas anteriormente. El ejército volvió a la antigua jerarquía, eliminando cualquier tipo de democracia en su seno. Se redujo la paga de los milicianos de 10 a 7 pesetas diarias, mientras que los oficiales pasaron a ganar según el grado, de 25 a 100 pesetas. Los Comités de abastecimiento desaparecieron o fueron sustituidos por auténticas asociaciones de empresarios que boicoteaban la distribución de alimentos, hacían estraperlo o acumulaban mercancías para forzar la subida de los precios de primera necesidad de la población. Paralelamente el gobierno atacó sin miramientos las conquistas revolucionarias en Aragón, donde tres cuartas partes de la tierra eran cultivadas por las colectividades, en su mayoría de la CNT. Este método de explotación logró que la producción agrícola de la región creciese un 30% más de promedio en año y medio. El poder en Aragón estaba en manos del Consejo que actuaba en la práctica como un gobierno centralizador de todas las colectividades y milicias. Para someterlo a su control, el gobierno del Frente Popular decretó el 11 de Agosto de 1937 su disolución, y el desmantelamiento de todos los consejos municipales y colectividades, tarea que fue ejecutada por Líster, líder militar del V Regimiento. Con el desmantelamiento de las colectividades agrarias en Aragón, la restauración burguesa en la zona republicana llegó a su punto culminante. Ahora los elementos ligados a la pequeña burguesía, los militares de carrera, los abogados e intelectuales que siempre habían temido más que a nada la revolución socialista comenzaron a levantar cabeza y lo hicieron, una vez que comprobaron que la guerra estaba perdida, exigiendo la negociación de la paz con el general Franco. La desconfianza en la victoria aceleró los planes de capitulación del gobierno. Coincidiendo con el 1º de Mayo de 1938 el gobierno propuso en un documento público las condiciones de la rendición. El documento denominado Fines de Guerra del gobierno de la Unión Nacional de la República Española proponía entre otras cosas:"Garantizar una República popular representada por un Estado fuerte y vigoroso", que "la estructura jurídica y social de la República será obra de la voluntad nacional libremente expresada mediante un plebiscito que tendrá efecto tan pronto como termine la lucha"... "El Estado garantizará la propiedad legal y legítimamente adquirida...".Se puede apreciar por el contenido del texto, que ya se habla abiertamente de fines nacionales, del interés de la patria, y del país, abdicando cualquier referencia a los intereses de las clases populares. En esta etapa final de la guerra, los líderes estalinistas más radicales sustituyen abiertamente cualquier referencia de clase por continuos llamamientos de la "guerra patriótica" contra el fascismo, que es presentado bajo la forma de "invasión extranjera". Incluso, se hacen continuas comparaciones con la guerra de la Independencia de 1808. Como en un barco sin rumbo, las grietas y divisiones entre los socios del Frente Popular no tardan en aparecer ante el naufragio inminente. Negrín, que tantos esfuerzos había hecho por atraerse el apoyo o cuando menos la neutralidad de Gran Bretaña y Francia, fracasa rotundamente. El Pacto de Munich, firmado por Gran Bretaña, Francia y la Alemania nazi, puso en evidencia el auténtico carácter de clase del imperialismo aliado. Como prueba de buena voluntad ante Hitler, los gobiernos de Londres y París, reconocieron al gobierno de Franco, para demostrar que por encima de sus consideraciones democráticas, su odio a un eventual triunfo de la revolución era más poderoso que cualquier otra razón. Los "democráticos" estados de Gran Bretaña y Francia rompieron con Negrín. Francia cerró la frontera de los Pirineos, aumentando de esta forma el bloqueo militar, y congeló créditos y fondos depositados en este país por el gobierno republicano. Este acuerdo entre las potencias imperialistas y Alemania, fue sólo la antesala del pacto Ribentrop-Molotov, por el que la burocracia estalinista intentaba llegar a un acuerdo de buena voluntad con la Alemania nazi, acuerdo que fue firmado ya, sobre las cenizas de la revolución española. Mientras tanto, el gobierno Negrín en su política de capitulación abierta frente a Francia y Gran Bretaña, accedió, con el beneplácito de Stalin, a la desmovilización y salida del país de las Brigadas Internacionales en noviembre de 1938, justo tres días después de que participaran heroicamente en la Batalla del Ebro. Bajo la bandera de las Brigadas Internacionales combatieron 60.000 hombres y mujeres de 70 países diferentes. Con el ideario de la revolución, estos combatientes internacionalistas fueron el ejemplo más claro de las enormes consecuencias que hubiera tenido en Europa y en todo el mundo el triunfo de la Revolución Socialista en España: ningún ejército burgués hubiera podido parar los efectos de la revolución española triunfante entre los obreros, franceses, ingleses, italianos o alemanes. A pesar de las victorias en Teruel y Guadalajara, el ejército republicano retrocedía contundentemente en todos los frentes. Con la desmoralización apoderándose del cuerpo de oficiales, del gobierno, de los políticos, las posibilidades de elevar la moral de los combatientes eran nulas. La derrota en las batallas frente al ejército franquista y la liquidación de la revolución en la retaguardia abrieron el camino hacia un acuerdo con Franco. Finalmente la caída de Catalunya y de Barcelona el 1 de febrero de 1939 tras soportar un año de bombardeos permanentes de los fascistas, desmoralizó profundamente a los trabajadores. El éxodo masivo de la población hacia Francia, más de 400.000 refugiados, fue una tragedia que prologaba lo que ocurriría después. Hambrientos, enfermos, y exiliados forzosos, los obreros, milicianos, mujeres y niños que llegaban a Francia fueron internados en campos de concentración por el "democrático" gobierno francés, y miles de ellos deportados y entregados posteriormente a Franco.

 

 

Golpe de Estado de Casado

 

En Madrid mientras tanto, la cúpula militar del gobierno conformada en Junta de Defensa Nacional, compuesta en su mayoría por oficiales de carrera próximos ideológicamente a los republicanos, junto con socialistas de derecha como Besteiro, fraguaban un golpe de estado para eliminar a la dirección del PCE del gobierno y fraguar una paz "honrosa" con Franco. En su degeneración política, Besteiro albergaba la esperanza de que podría ser posible reeditar una situación similar a la vivida bajo la dictadura de Primo de Rivera, con una UGT y un PSOE permitidos por el régimen franquista. El golpe de Estado sin embargo, contaba con un obstáculo: los dirigentes estalinistas no podían aceptar un acuerdo, en la práctica una capitulación, con Franco. Eso hubiera tenido consecuencias evidentes en sus filas, acelerando su crisis interna, la pérdida de prestigio de la dirección y tarde o temprano la escisión; hubiera cuestionado la política estalinista entre miles de militantes honestos. Esto también era evidente en las filas del anarquismo. Algunos dirigentes como Cipriano Mena, impacientes por descargarse contra las acciones del estalinismo, apoyaron el golpe, pero fueron una excepción. Los militantes comunistas y anarquistas no dudaron en coger las armas contra el golpe de la Junta de Defensa encabezada por los Coroneles Miaja y Casado. Madrid, a finales de la guerra, vivió su "semana del duro", cuando popularmente se decía que la vida "no costaba un duro" y patrullas de soldados de uno y otro bando se desarmaban y enfrentaban en las calles de la ciudad. Finalmente, con la guerra perdida, la Junta declaró ilegítimo al gobierno de Negrín, huido a Francia, y expulsó a los dirigentes del PCE del Frente Popular, iniciando una cruenta represión contra los obreros que se habían resistido al golpe. El PCE sufriendo las consecuencias de su propia política preparó precipitadamente la evacuación de sus dirigentes y mandos más importantes, a la vez que creaba las columnas guerrilleras, maquis, que operaron en la época franquista hasta mediados de los 50.Una vez eliminados y reprimidos todos los focos de resistencia, la Junta se preparó para negociar con Franco y entregar a su ejército lo que quedaba de territorio republicano. El 28 de marzo de 1939 entregaron Madrid y al día siguiente el resto de las ciudades. La contrarrevolución fascista había completado su victoria.

 

 

La revolución traicionada

 

La gesta del proletariado español se extendió durante tres años de lucha. A diferencia de Alemania o Italia la clase trabajadora no permitió el triunfo del fascismo, sin antes levantarse en armas. ¿Por qué esta diferencia entre el proletariado alemán y el español? Si se conoce la historia se tendrá que coincidir en el hecho incuestionable de que el movimiento obrero alemán destacaba por encima de todos los demás, en lo referido a la fortaleza de sus organizaciones sindicales y políticas que disponían de mucho poder bajo la república de Weimar. Contaban con organizaciones, miles de locales, imprentas, etc., Pero a pesar de todo, la ausencia de una política revolucionaria, de un partido marxista con un programa para combatir el fascismo, con los métodos y las ideas de la revolución socialista, permitió a Hitler acceder al poder, "sin romper un cristal". La influencia y la autoridad de la socialdemocracia y el estalinismo paralizaron al proletariado germano, que ni siquiera fue convocado a una huelga general contra Hitler. La situación en España era sustancialmente diferente. Durante la primera fase de la revolución, en 1931, las fuerzas del estalinismo eran muy débiles y su influencia real en el movimiento obrero, escasa. El proletariado se agrupaba detrás de la bandera del PSOE y la UGT y como una excepción histórica, detrás de las siglas de la CNT, la última organización anarquista de masas. Los trabajadores realizaron un aprendizaje muy rápido bajo los diferentes gobiernos republicanos. Primero la conjunción socialista-republicana defraudó todas sus esperanzas de cambio. El avance del fascismo en Europa, la reacción interna de la burguesía y los terratenientes, la represión en la ciudad y en el campo, todos estos factores se combinaron junto a la miseria creciente y el desempleo para favorecer la radicalización de las masas que giraron con rapidez hacia la izquierda. Este proceso se reflejó en el seno de las organizaciones tradicionales especialmente en las Juventudes Socialistas, el PSOE y la UGT, cristalizando en la formación de la izquierda caballerista. La clase obrera se orientaba firmemente a la revolución socialista. La prueba concluyente, para la burguesía, fue la insurrección de 1934.En todos estos procesos el estalinismo jugó un papel secundario y el ala de derechas del PSOE quedó difuminada. Todas las condiciones para un reagrupamiento marxista estaban fraguando rápidamente. Sin embargo, la oportunidad más evidente que se produjo con la radicalización de la JJSS fue malograda y desaprovechada. Largo Caballero y la izquierda del PSOE presos de una extrema confusión ideológica, no fueron capaces de liderar el proceso hacia la revolución. Aún y todo, el estalinismo no pudo jugar su papel decisivo hasta el comienzo de la guerra. Y no fue la política de los dirigentes del Frente Popular la que frenó el levantamiento franquista, sino la insurrección armada espontánea y ejemplar de los obreros en Madrid, Barcelona, Asturias, Málaga, Bilbao...La revolución española fue una revolución socialista genuina pero sin partido marxista, sin dirección. Las condiciones para el triunfo revolucionario eran mil veces más favorables que en Rusia de 1917. Pero la ausencia de una dirección bolchevique desequilibró la situación en favor de la contrarrevolución fascista. En el transcurso de la guerra se calcula que murieron un millón de personas. La represión posterior del fascismo fue feroz: 270.0000 presos de los que 30.000 fueron fusilados entre 1939 y 1940, más de 100.000 fueron internados en campos de concentración y "batallones de trabajo" y muchos murieron en las condiciones infrahumanas que tuvieron que soportar. Todas las conquistas del movimiento obrero y las libertades políticas, fueron eliminadas. El país sufrió 40 años de dictadura militar burguesa. Las lecciones de la Revolución Española cobran excepcional importancia hoy. Analizar y comprender el pasado, igual que la realidad que nos envuelve, es la precondición indispensable si queremos transformar la sociedad en líneas socialistas. Los marxistas no consideramos el pasado como un observador neutral que desde la atalaya contempla los acontecimientos: luchamos por transformar la realidad y asumir las lecciones del movimiento obrero, lo que nos permite abordar mejor las inmensas tareas del futuro. Nuestro mejor homenaje a las víctimas del fascismo, a los heroicos obreros socialistas, comunistas y anarquistas que tomaron el cielo al asalto, no es intentar ocultar lo que ocurrió, sino esclarecer los hechos, la política de los partidos y de las direcciones obreras. Al fin y al cabo, quien no entiende los errores del pasado está condenado a cometerlos en el futuro. El rearme político e ideológico de la clase obrera y de la juventud es una necesidad urgente. La crisis del estalinismo que culminó con el colapso de los regímenes del Este y de la burocracia rusa, hoy reconvertida mayoritariamente al capitalismo, permitió a la burguesía lanzar una campaña sin precedentes contra las ideas del socialismo. Sin embargo, la lucha de clases enterrada siempre por los demagogos del poder, sigue su curso. El topo de la historia sigue avanzando al margen de la voluntad de los líderes y de los hombres.Pero el triunfo de la revolución exige una política revolucionaria y un partido revolucionario. Esta ausencia fue el factor decisivo que impidió la victoria del socialismo en España durante los años 30. Y es precisamente la carencia que tenemos que resolver.


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