1936 - 2006
 
A 70 años de la insurrección revolucionaria contra el golpe fascista y la guerra civil

La lucha por el socialismo más vigente que nunca
Recuperar la memoria para preparar el futuro


León Trotsky

enero - abril 1931

Escritos sobre España

 

HAY QUE ORGANIZAR A LA OPOSICIÓN DE IZQUIERDA
(Extractos de cartas a Andrés Nin)

 

31 enero de 1931

 

[... Desde el punto de vista revolucionario, la cuestión se resume así: ¿aspira el partido catalán a la independencia política y organizativa? ¿Se considera, desde el comienzo, como una sección regional del partido español? Se puede admitir el federalismo en el Estado, pero en ningún caso en el partido ( ... )

( ... )A pesar de su debilidad intrínseca, el partido oficial se beneficia de. factores históricos exteriores: la U.R.S.S. y todo lo que a ella está ligado. Esto es por lo que me parece peligroso no tener en cuenta, en la práctica, más que la relación actual de fuerzas (...)1

( ... ) La entrada de los comunistas de izquierda en organizaciones más amplias e informales se justifica en España más que en cualquier otra parte, por el estado de las filas comunistas por una parte, y, por la otra, por la situación revolucionaria. Pero esta táctica pone a los opositores de izquierda en peligro de llevarles a desaparecer en el seno de otras corrientes o fracciones2. Por ello la creación de un centro de la oposición de izquierda me parece la condición necesaria y urgentes de la entrada de sus militantes en otras organizaciones. Son necesarios un periódico de la oposición de izquierda y un boletín interno.]

Los comunistas españoles deben rehacer su unidad: esta consigna constituirá sin duda, en el próximo periodo, una formidable fuerza de atracción, que crecerá al mismo tiempo que la influencia del comunismo. Las masas, y lo mismo su vanguardia, no aceptarán más fracciones que las que les sean impuestas por su propia experiencia. Es por ello, me parece, que la consigna del frente único en dirección a los obreros sindicalistas y comunistas debe ser acompañada por la de unificación de los comunistas, sobre la base de una plataforma determinada.3

 

 

5 de febrero de 1931

 

Creo que difícilmente le será posible renunciar a la consigna de Cortes constituyentes revolucionarias. ¿No cuenta la población española con más de un 70 % de campesinos? ¿Cómo comprenderían la consigna de una «república obrera»? Los socialistas y los republicanos por un lado, los curas por el otro, dirían a los campesinos que los obreros quieren someterles y reinar sobre ellos. ¿Qué les explicaríais? No veo más que una sola respuesta a dar en las presentes circunstancias: queremos que los obreros y los campesinos expulsen a los funcionarios nombrados por el poder superior, y, de forma general, a todos los responsables de violencias, a todos los opresores, y que expresen su libre voluntad por el sufragio universal. Se podrá conducir a los campesinos a la republica obrera, es decir a la dictadura del proletariado, en la lucha que se desarrolle por. la conquista de las tierras y por sus demás objetivos; pero no es posible proponer a prior¡ a los campesinos la fórmula de la dictadura del proletariado.

[Por lo que se refiere al boicot, no estoy convencido ( ... )]. Evidentemente los comunistas han cometido un error al no tomar la iniciativa en ello. Eran los únicos capaces, con los obreros revolucionarios en general, de dar a la campaña de boicot audacia y combatividad. Sin embargo, parece claro que, en los partidos de oposición, la opinión está muy ampliamente dispuesta al boicot, y ello constituiría la señal de una efervescencia profunda entre las masas. Si los comunistas les hubieran zarandeado a tiempo, republicanos y socialistas hubieran tenido muchas dificultades para abandonar el proyecto de boicotear. Mientras tanto, Berenguer y su gobierno pudieron plantearse las, elecciones del 10 de marzo. Si el boicot obligase a Berenguer a retroceder de una u otra forma, las consecuencias serían formidables: las masas tomarían mejor conciencia de sus disposiciones revolucionarias, sobretodo si los comunistas hubieran jugado en esta táctica el papel de instigadores y de guías.

 

 

13 de febrero de 1931

 

A propósito de la «república obrera». De ninguna de las maneras se puede renunciar a esta consigna. Pero, actualmente, compete más a la propaganda que a la agitación. Debemos explicar a la vanguardia obrera que vamos hacia una república obrera, pero que antes hay que llevar a los campesinos a esta idea. Ahora bien, convertir a los campesinos a la república obrera, es decir, de hecho, a la dictadura del proletariado, no podremos hacerlo apenas más que después de varias «experiencias transitorias», entre ellas la del parlamentarismo. Los campesinos no aceptarán la dictadura del proletariado más que cuando todas las demás opciones estén agotadas. Cierto, bastantes posibilidades han sido ya experimentadas en España. Sin embargo queda la de una democracia «completa», «consecuente», obtenida por el camino revolucionario, quiero decir las Cortes constituyentes. Por supuesto, no tenemos hacia esta fórmula un apego fetichista. Si los acontecimientos van más rápido de lo previsto, sabremos reemplazar, a tiempo, esta consigna por otra.

[( ... ) El que la federación catalana nos confíe la redacción de sus principales documentos, incluida la respuesta a la declaración política del partido, constituye una adquisición política muy preciosa y prometedora4( ... )

( ... ) No obstante, renuevo mi propuesta de editar en Madrid ‑o en otra ciudad‑ un boletín de la oposición de izquierda española, así como un órgano mensual, sólido a nivel teórico ( ... ) De otra manera, la próxima etapa de la revolución puede coger desprevenida a la oposición de izquierda, y, teniendo en cuenta la debilidad del partido y la confusión de la federación catalana, ello podría conducir a los peores desastres, irreparables.]

 

 

15 de febrero de 1391

 

( ... ) Creo recordar, que bajo forma de «sueño», le haya escrito que estaría bien que el boicot obligase a la monarquía a arrodillarse, aunque fuera con una sola rodilla. Ahora, es un hecho. La dimisión de Berenguer5 no tiene en sí misma una gran importancia política, pero, como síntoma, es muy significativa. La impotencia de la monarquía, la disgregación de las bandas dirigentes, su falta de confianza en sí mismas, su miedo, miedo del pueblo, miedo de la revolución, miedo del mañana, sus tentativas por prevenir mediante concesiones importantes las consecuencias más temibles, todo esto se deduce de la dimisión de Berenguer y de la semicapitulación del rey. ¡Es espléndido! ¡Verdaderamente espléndido! ¡No podría imaginarse algo mejor! El respeto fetichista del poder en la conciencia de las masas populares habrá recibido un golpe mortal. Millones de corazones van a desbordar de satisfacción, seguridad, audacia: este flujo les caldeará, inspirará, les empujará hacia delante.

El conjunto de la situación revolucionaria en la que debe actuar el partido revolucionario es en la actualidad extremadamente favorable. Todo el asunto está en saber cómo se comportará el partido. Desgraciadamente, los comunistas no han tenido una voz propia en el concierto de partidarios del boicot. Es por ello que no han progresado apenas durante la campaña de los dos o tres últimos meses. En períodos en que el ascenso revolucionario se hace impetuoso, la autoridad del partido crece rápidamente, de forma febril, a condición de que, en los giros decisivos, en las nuevas etapas, el partido lance la consigna necesaria, cuya justeza será pronto confirmada por los acontecimientos... Durante estos últimos meses, estos últimos años, se han dejado pasar bastantes ocasiones. Pero ¿para qué volver sobre el pasado? Hay que mirar adelante. La revolución no está más que en sus comienzos. Se puede centuplicar lo ganado respecto lo que se ha dejado perder.

El problema del parlamento y de la Constitución se encuentra en el centro de la vida política oficial. No podemos hacer como si lo ignorásemos. Para mi, hay que redoblar energías a fin de lanzar la consigna de Cortes revolucionarias constituyentes. No hay que rechazar el empleo de fórmulas claramente democráticas. Se pedirá, por ejemplo, el derecho a votar para todos, sin distinción de sexo, a la edad de 18 años, y sin ninguna restricción. 18 años, para este país mediterráneo puede ser incluso demasiado: hay que apostar por la juventud.

( ... ) La cuestión del frente único de todas las fracciones comunistas, incluido el partido oficial, estará inevitablemente al orden del día. Las masas sentirán durante las semanas y meses que se avecinan una necesidad imperiosa de ser dirigidas por un partido revolucionario unido y serio. Las disensiones de los comunistas desorientarán a las masas. Éstas impondrán la unidad ‑sin duda no para siempre, pues los acontecimientos pueden aún rechazar a las diferentes tendencias por caminos diferentes; pero para el próximo período, el acercamiento de las fracciones comunistas me parece completamente inevitable. Sobre este punto, así como en la cuestión del boicot y en cualquier otra cuestión política de actualidad, la fracción que haya tomado la iniciativa de rehacer la unidad de las filas comunistas se aprovechará de ello. Para que la izquierda comunista sea capaz de tomar esta iniciativa, primero tiene que unificarse y organizarse ella misma. Es indispensable crear inmediatamente una fracción bien organizada de la oposición comunista de izquierda, aunque al comienzo sea poco numerosa, que publique su boletín y tenga su grupo organizado de teóricos. Por supuesto, esto no excluye la posibilidad, para los comunistas de izquierda,.de participar en organizaciones más amplias; por el contrario, esto presupone tal participación; pero es su condición indispensable.

 

 

4 de marzo de 1931

 

[( ... ) La experiencia política del periodo de Berenguer muestra que el partido proletario debe tomar firmemente posición en favor del boicot de las Cortes del almirante6. Los socialistas, los republicanos, corren el riesgo de abandonar las posiciones de boicot que actualmente ocupan si no son fustigados continuamente por la izquierda. En el estadio actual de la revolución, la organización comunista puede jugar el papel de un enganche, pequeño pero sólido, que obligue a girar las ruedas dentadas de los socialistas, de los republicanos e incluso de los partidarios de las Cortes constituyentes... ¡si no rompe sus dientes!

Tendríamos que lanzar la consigna de boicot activo; ello significaría que no sólo nos abstenemos de participar en las elecciones, sino que desarrollamos una ofensiva enérgica contra las Cortes falsamente constituyentes ‑mediante reuniones populares, proclamas, manifestaciones, denuncias de los candidatos oficiales como enemigos del pueblo, boicot público de los candidatos a las elecciones, etc. Creo que la táctica de boicot activo permitiría crear comités obreros de boicot que podrían transformarse en juntas obreras en el momento oportuno

En mis cartas precedentes, he hablado en detalle de la cohesión de la oposición de izquierda y de su actitud hacia el partido oficial. No sé si ha recibido mis cartas y espero impacientemente que me informe de sus puntos de vista sobre estas cuestiones y de las medidas prácticas tomadas por usted y sus camaradas. Las cuestiones de estrategia y táctica revolucionaria no tienen sentido más que a condición de que exista el «factor subjetivo», es decir, una organización revolucionaria, aunque sea poco numerosa al principio.]

 

 

13 de marzo de 1931

 

Algunas palabras a propósito de las juntas de soldados. ¿Tenemos interés en que se constituyan en organizaciones independientes? Es una cuestión muy seria, a propósito de la cual se debe trazar, desde el principio, una cierta línea de conducta, mientras se reserva, por supuesto, el derecho de hacer correcciones según la experiencia.

En 1905, en Rusia, no se habla llegado aún a crear soviets de soldados. Pareció bien crear diputados del

ejército en los soviets obreros, pero sólo de forma episódica. En‑1917 los soviets de soldados jugaron un papel formidable. En Piter, el soviet de soldados se fusionó con el de los obreros desde el comienzo, y los representantes del ejército formaban en él la aplastante mayoría. Pero entonces era una cuestión de organización técnica: en efecto, el inmenso ejército contaba entonces de diez a doce millones de campesinos.

En España los efectivos del ejército son los de tiempo de paz, son insignificantes en relación a la cifra global de la población, e incluso en relación a los efectivos del proletariado. En estas condiciones, ¿es inevitable que los soldados se constituyan en soviets independientes? Desde el punto de vista de la política proletaria, tenemos interés en atraer a los delegados de los soldados a las juntas obreras, a medida que se vayan creando. Las juntas compuestas exclusivamente de soldados podrían no formarse más que en el momento en que la revolución alcance su punto culminante, o bien cuando consiga la victoria. Las juntas obreras pueden ‑¡y deben!‑ constituirse antes, a partir de las huelgas, del boicot a las Cortes, y, luego, de la participación en las elecciones. Por consiguiente se pueden  asociar delegados del ejército a las juntas obreras bastante antes de que puedan organizarse juntas puramente militares. Pero voy más lejos: si se toma a tiempo la iniciativa de crear juntas obreras y de asegurar su acción en el ejército, se conseguirá, quizá, evitar después la creación de juntas de soldados independientes, expuestas a caer bajo la influencia de oficiales arribistas y no bajo la de los obreros revolucionarios. Los débiles efectivos del ejército español testimonian en favor de esta hipótesis. Por otra parte, este ejército poco numeroso tiene sin embargo tradiciones propias de política revolucionaria más señaladas que en cualquier otro país. Circunstancias que podría, en cierta medida, impedir la fusión de los delegados de los soldados con las juntas obreras.

Ya ve usted que, sobre este punto, no me atrevo a pronunciarme categóricamente; además, tampoco los camaradas que ven de cerca la situación están, probablemente, en estado de dar una respuesta categórica. Me limito a abrir el debate: cuanto antes se empiecen a discutir ciertas cuestiones, en los amplios círculos de la elite obrera, más fácil será resolverlas luego. En cualquier caso, convendría intentar incorporar los delegados de los soldados a las juntas obreras. Si no resulta más que parcialmente, ya está bien. Pero precisamente con vistas a este resultado hay que estudiar a tiempo y minuciosamente las disposiciones del ejército, de los diferentes cuerpos, de las distintas armas, etc.

En suma, sería bueno intentar levantar colectivamente un mapa político de España con el objetivo de definir con más precisión las relaciones de fuerzas en cada región y las relaciones entre ellas. Habría que indicar en este mapa las regiones obreras, los focos revolucionarios, las organizaciones sindicales y los partidos, las guarniciones, las relaciones de fuerzas entre rojos y blancos, las regiones en las que hay un movimiento campesino, etc. Por poco numerosos que sean los opositores, podrían tomar en diversos sitios la iniciativa de este estudio uniéndose a los mejores representantes de los otros grupos revolucionarios. Así se pondrían en pie los elementos de un gran estado mayor de la revolución. El núcleo central daría a este trabajo la necesaria unidad. Este trabajo preparatorio, que podría parecer de entrada que presenta un carácter académico, tendría posteriormente un extraordinario valor, incluso, quizás, una importancia decisiva. En una época como la que atraviesa España, la mayor falta que se puede cometer es perder el tiempo.

 

 

15 de marzo de 1931

 

[( ... )¿Cómo será` definida, cómo se explicará políticamente su participación en el Bloque?7 ¿Como la de un representante de una fracción comunista o como la de un conocido revolucionario aislado? En el caso en que les hiciera falta entenderse con la burocracia de la I.C., ciertos elementos de la federación podrían declarar que formaban un bloque con el campesinado y la pequeña burguesía revolucionaria en la persona de Nin. Quedar sin pasaporte político, sobre todo durante la revolución, es muy peligroso

 

 

20 de marzo de 1931

 

[Recibo de Paris cartas cada vez más inquietantes a propósito de la situación en España. Debo decirle que comparto esta inquietud. En España, la situación es revolucionaria. En España tenemos representantes completamente cualificados de la oposición de izquierda. Por cartas, artículos, etc., hemos elaborado algo parecido a un proyecto de plataforma de la oposición de izquierda. Todas las miradas están vueltas hacia España. Y cada día perdido se pagará caro en los momentos decisivos. Nadie fuera de la oposición de izquierda es capaz de dar una orientación justa, de fijar una política justa, en las condiciones revolucionarias de España. Y, sin embargo, la oposición de izquierda no existe: y ello provoca inquietud en muchos camaradas, y, esta inquietud, la comparto...

¿Dónde está la salida? Los camaradas de Madrid8 creen que con el concurso de los camaradas de Asturias9 es posible publicar un órgano teórico mensual. Están igualmente dispuestos a editar un boletín de la fracción de izquierda. Me parece que hay que apoyarlos con todas nuestras fuerzas. Guardando una ligazón permanente entre usted y Madrid, por una parte, España, París y Constantinopla 10 por otra, se puede llegar al acuerdo político, teórico y organizativo necesario. Espero con gran impaciencia su respuesta a esta cuestión. tanto más ya que todas mis cartas precedentes han quedado sin respuesta sobre este punto (...)

El que usted sea candidato a las municipales es evidentemente muy importante.11" Pero evidentemente usted estará de acuerdo en admitir que en política, y sobre todo durante la revolución, no son preciosas más que las conquistas que se traducen por un crecimiento del partido, o, en el caso precedente, de la fracción. Sin ello la tempestad de la revolución disipará completamente la iniciativa individual, lo mismo en caso de victoria que en caso de derrota de la revolución

 

 

1 de abril de 1931

 

[Sus conferencias y sus éxitos me alegran enormemente.12 Su intención de ocuparse durante su viaje de la organización de una fracción de la oposición de izquierda me da quizá aún más esperanzas. Es importante tener un crisol dispuesto: el desarrollo de la revolución creará una solución saturada (...)]

 

 

12 de abril de 1931

 

[Acabo de recibir la carta en la que me informa por primera vez de su ruptura con la federación catalana y de la próxima aparición de un órgano de la oposición de izquierda, Comunismo13. La última carta me lleñó de tal alegría que me niego a lamentar los meses perdidos en el asunto de la formación de una oposición de izquierda14. No dudo que recuperaréis cien veces el tiempo perdido.]

 

Notas

1 El 17 de junio de 1931, Nin había escrito a Trotsky: «Aquí el partido se formará fuera del partido oficial», y subrayado: «La Federación Catalana cuenta con la simpatía de los mejores elementos del resto de España.» Ahora bien, todos los partidarios de la Oposición no compartían este punto de vista. Así, Henri Lacroix escribía en La Verité del 13 de junio precedente que el grupo Maurín era la «fracción más perjudicial al desarrollo del partido comunista», precisando que Maurín debía ser considerado como «estalinista con reservas».

2 Nin, que había sido detenido en diciembre de 1930, estaba preso en una celda vecina de la de Maurin con el que tenía discusiones diarias. En su carta a Trotsky del 17 de enero, le anunciaba su intención de unirse a la Federación Catalana

3 La idea de la «unificación de los comunistas» iba a abrirse un camino entre los opositores comunistas de diversa procedencia. Hasta el punto que la Federación Catalana reclamará su paternidad. En realidad, las cartas de Trotsky a Nin eran leídas por todos los detenidos, incluso Maurín, con pasión. Parece ser que Trotsky había sido el primero en lanzar la consigna de «unificación de los comunistas».

4 En su carta del 26 de enero, Nin había anunciado a Trotsky que había redactado casi completamente las tesis políticas de la Federación Catalana, y en la del 5 de febrero que acababa de confiar la redacción en La Batalla de la respuesta a la «declaración política» del partido oficial.

5 El general Berenguer, conocido por su «liberalismo» había sido «dimitido» por Alfonso XIII, venido en persona a su cabecera el 14 de febrero de 1931.

6 El almirante Aznar había sido designado por Alfonso XIII para reemplazar al general Berenguer a la cabeza del gobierno.

7 Nin había escrito a Trotsky que juzgaba necesaria su entrada en la Federación Catalana, y el 7 de marzo: «He debido luchar enérgicamente contra la idea de la creación de un «partido obrero y campesino». Esta idea ha sido ahora rechazada. Sin embargo no he podido evitar la adopción de un proyecto de creación de un «Bloque obrero y campesino». Al fin, precisaba, de que su eventual adhesión a la Federación no agravase las relaciones de esta última con la I.C., adherida solamente a este Bloque.

8 El grupo de la Oposición se había constituido alrededor de Henri Lacroix y de Juan Andrade.

9 El animador de la oposición de izquierda en Asturias era uno de los fundadores del P.C. en la provincia, José Laredo Aparicio, el cual iba a asumir durante el primer año la responsabilidad de la revista mensual Comunismo.

10 Trotsky estaba entonces en la Isla de los Príncipes, cerca de Constantinopla, y el secretariado internacional de la Oposición en París.

11 Después de haber hecho varias veces alusión a una eventual candidatura por su parte, Nin había indicado a Trotsky en su carta del 25 de enero que sería sin duda candidato de la Federación de Vendrell, luego, el 15 de marzo que probablemente sería candidato en nombre del futuro «Bloque obrero y campesino».

12 Alusión, principalmente, a la conferencia dada por Nin en el Ateneo enciclopédico de Barcelona.

13 El primer número de Comunismo debía aparecer el 15 de mayo de 1931, con una carta de Trotsky con fecha del 12 de abril. El periódico había sido puesto en pie de resultas de un viaje de Nin a Madrid, y luego a Asturias

14 No poseemos ningún texto de Nin explicando esta frase de Trotsky. En una carta del 10 de abril, se defendía de ser partidario de «una entrada sin condiciones» y el mismo día 12 escribía: «Hay que entrar en la Federación, llevar un trabajo sistemático y crear nuestra fracción. Es posible. Estoy seguro de que si, hoy, mi entrada no ha sido posible, lo será pronto, quizá antes de un mes.»



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