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1936 - 2006 |
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La
lucha por el socialismo más vigente que nunca |
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LECCIÓN
DE ESPAÑA;
Mencheviques y bolcheviques en España Las
operaciones militares de Abisinia y Extremo Oriente son cuidadosamente
estudiadas por los estados mayores que preparan la futura guerra mundial.
Los combates del proletariado español, chispas de la futura revolución
mundial, deben ser estudiados con no menos atención por los estados mayores
revolucionarios. Esta es la única condición para que los acontecimientos
que se aproximan no nos cojan de improviso.
2 En
el llamado campo republicano se han enfrentado con fuerzas desiguales, tres
concepciones: el menchevismo, el bolchevismo y el anarquismo. En lo que se
refiere a los partidos republicanos burgueses, no tienen ni ideas ni
importancia política. independiente, y no han hecho nada mas que adaptarse
a los reformistas y a los anarquistas.3 Además no seria en absoluto una exageración decir que los
dirigentes del anarcosindicalismo español han hecho todo lo posible para
traicionar su doctrina, y reducir, en la práctica, su importancia a cero.4 De hecho en el campo republicano se han enfrentado dos
doctrinas: el menchevismo y el bolchevismo. Según
las concepciones de los socialistas y de los estalinistas, es decir, de los
mencheviques de la primera y segunda hornada, la revolución española no
iba a resolver más que tareas democráticas; ésta era la razón por la que
era necesario construir un frente único con la burguesía "democrática".
Desde este punto de vista, toda tentativa del proletariado de salir de los
cauces de la democracia burguesa, era, no sólo prematura, sino incluso
funesta. Por otra parte, lo que estaba al orden
del día no era la revolución, sino la lucha contra Franco.5 El fascismo es la reacción, no feudal, sino burguesa, y contra
esta reacción no se puede luchar con éxito más que con los métodos de la
revolución proletaria, y esta tesis es algo que el menchevismo
-ramificación de la ideología burguesa- no quiere ni puede hacer suya. El
punto de vista bolchevique, expresado hoy día únicamente por la joven
sección de la IV Internacional, procede de la teoría de la revolución
permanente, es decir, que incluso las tareas puramente democráticas, tales
como la liquidación de la propiedad semifeudal de la tierra, no pueden ser
resueltas sin la conquista del poder
por el proletariado; esto, a su vez, pone a la orden del día, la
revolución socialista. Por lo demás, los obreros españoles, desde los
primeros pasos de la revolución, se asignaron en la práctica, no sólo
tareas democráticas, sino incluso puramente socialistas.6
Exigirles
que no se salieran de los límites de la democracia burguesa es, de hecho,
no sólo no hacer la revolución democrática, sino incluso renunciar a
ella.7
El
profundo cambio de las relaciones sociales en el campo es el único medio de
hacer del campesinado, principal masa de la población, una firme muralla
contra el fascismo. Pero los terratenientes están indisolublemente ligados
a la burguesía financiera, industrial y comercial, y a la intelligentsia burguesa que depende de ella. El partido del
proletariado se encontraba así en la necesidad de elegir: con las masas
campesinas o con la burguesía liberal. Incluir en una misma coalición a
los campesinos y a la burguesía liberal no podía tener sino una única
meta: ayudar a la burguesía a engañar a los campesinos y a aislar a los
obreros. La revolución agraria no podía realizarse más que contra la
burguesía, y por consiguiente, únicamente por medio de la dictadura del
proletariado. No hay régimen -intermedio alguno. Desde
el punto de vista teórico, lo que sorprende sobre todo de la política
española de Stalin, es el completo olvido del ABC del leninismo. Con un
retraso de algunas decenas de años -¡y qué años!-, la Internacional
Comunista ha restablecido completamente la doctrina del menchevismo. Más
aún, se ha esforzado en dar a esta doctrina una expresión más "consecuente"
y por tanto, más absurda. En la Rusia zarista, a comienzos de 1905, la
fórmula de la "revolución puramente democrática" tenía a su favor, en
cualquier caso, infinitos argumentos más que en España en 1937. Nada hay
de sorprendente, por lo tanto, que en la España contemporánea, la
política "obrero-liberal" del menchevismo se haya convertido en la
política antiobrera y reaccionaria de Stalin. El menchevismo -caricatura
del marxismo- ha sido caricaturizado a su vez.
La
teoría del Frente Popular
Sin
embargo sería ingenuo pensar que en la base de la política de la Komintern
en España, se encontraban algunos "errores" teóricos. El estalinismo no se
guía por la teoría marxista, ni por ninguna teoría, sino empíricamente
por los intereses de la burocracia soviética. Los cínicos de Moscú tienen
a bien burlarse entre ellos de la "filosofía" del Frente Popular de
Dimitrov.8
Pero
tienen a su disposición, para engañar a las masas, numerosos cuadros de
propagandistas de esta fórmula sagrada, sinceros o fingidos, infantiles o
charlatanes. Louis Fisher,9 con su ignorancia y su suficiencia, su espíritu de pensador
provinciano sordo de nacimiento para la revolución, es el representante
más repugnante de esta poco atractiva cofradía. La "unión de las fuerzas
progresistas", el "triunfo de las ideas del Frente Popular", el "ataque de
los trotskystas a la unidad de las filas antifascistas ... " ¿ Quién iba a
pensar que hace ya 90 años que fue escrito el Manifiesto
Comunista?10 Los
teóricos del Frente Popular no van más allá de la primera regla de la
aritmética: la suma. La suma de comunistas, de socialistas, de anarquistas
y de liberales, es mayor que cada uno de sus términos. Sin embargo la
aritmética no basta, hace falta cuando menos conocimientos de mecánica. La
ley del paralelogramo de fuerzas se verifica incluso en la política. La
resultante es, como se sabe, tanto más pequeña cuanto más divergentes
sean las fuerzas entre sí. Cuando los aliados políticos tiran en
direcciones opuestas, la resultante es cero. El bloque de las diferentes
agrupaciones políticas de la clase obrera es absolutamente necesario para
resolver las tareas comunes. En ciertas circunstancias históricas, un
bloque de este tipo, es capaz
de arrastrar a las masas pequeñoburguesas oprimidas, cuyos intereses están próximos a los del proletariado, ya que la fuerza
común de este bloque resulta mucho mayor que las resultantes de las fuerzas
que lo constituyen. Por el contrario, la alianza del proletariado con la
burguesía, cuyos intereses, actualmente, en las cuestiones fundamentales,
forman un ángulo de 180º, no puede, en términos generales, sino paralizar
la fuerza reivindicativa del proletariado. La
guerra civil, en la que tiene importancia la fuerza de la violencia, exige
un supremo compromiso de los participantes. Los obreros y campesinos no son
capaces de asegurar la victoria sino cuando luchan por su propia
emancipación. En estas condiciones, someterlos a la dirección de la
burguesía, es asegurar de antemano su derrota en la guerra civil. Estas
verdades no son de ninguna manera el producto de un análisis teórico, por
el contrario, representan la irrefutable conclusión de toda la experiencia
histórica, cuando menos desde 1848.11
La
historia moderna de las sociedades burguesas está llena de Frentes
Populares de todo tipo, es decir, de las más diversas combinaciones
posibles para engañar a los trabajadores. La experiencia española no es
sino un nuevo y trágico eslabón de esta cadena de crímenes y traiciones.
La alianza con la sombra de la burguesía
Políticamente,
lo más sorprendente es que el Frente Popular español no tenía
paralelogramo de fuerzas: el lugar de la burguesía estaba ocupado por su
sombra.12 Por mediación de los estalinistas, socialistas y anarquistas,
la burguesía española ha subordinado al proletariado sin ni siquiera
molestarse en participar en el Frente Popular. La aplastante mayoría de los
explotadores de todos los matices políticos se había pasado al bando de
Franco.13
Sin
teoría alguna de la revolución permanente, la burguesía española
comprendió desde el comienzo del movimiento revolucionario de las masas
que, cualquiera que fuese su punto de partida, este movimiento estaba
dirigido contra la propiedad privada de la tierra y de los medios de
producción, y que era absolutamente imposible acabar con este movimiento
por medio de la democracia. Ésta
es la razón por la que en el campo republicano no quedaron más que los
restos insignificantes de la clase poseedora, los señores Azaña, Companys,
y otros parecidos, abogados políticos de la burguesía, pero en ningún
modo la burguesía misma. Además de haber apostado todo al movimiento
militar, las clases poseedoras siguieron al mismo tiempo utilizando a sus
representantes políticos del período anterior, para paralizar, destruir y
posteriormente aplastar al movimiento socialista de las masas en el campo "republicano". Al
igual que no representaban ya en ningún aspecto a la burguesía española,
sus representantes de izquierda representaban aún mucho menos a los obreros
y campesinos: no se representaban más que a ellos mismos. Sin embargo,
gracias a sus amigos estalinistas, socialistas y anarquistas, estos
fantasmas políticos desempeñaron en la revolución un papel decisivo.
¿Cómo? Muy sencillo. Encarnaban el principio de la revolución
democrática, es decir de la inviolabilidad de la propiedad privada.
Los estalinistas en el Frente Popular
Las
causas de la aparición del Frente Popular español y su mecánica interna
están perfectamente claras. La tarea de los dirigentes retirados del ala
izquierda de la burguesía consistía en detener la revolución de las masas
y volver a ganar la confianza de los explotadores. ¿Por qué Franco, si
nosotros los republicanos podemos hacer lo mismo? En este plano fundamental,
los intereses de Azaña y Companys coincidían plenamente con los de Stalin,
para quien era necesario ganar la confianza de la burguesía inglesa y
francesa, al demostrar que era capaz de defender el orden contra la
anarquía. Azaña y Companys servían necesariamente de cobertura a Stalin
frente
a los obreros. Stalin, personalmente, está por el socialismo, pero no
puede expulsar a la burguesía republicana. Azaña y Companys necesitan a
Stalin como verdugo experimentado, que goza de autoridad revolucionaria.14
Sin él,
reducidos a ser un montón de ceros, no hubieran podido ni se hubieran
atrevido a atacar a los obreros. Los
reformistas tradicionales de la II Internacional, aterrorizados por el curso
de la lucha de clases, encontraron un respiro gracias a la ayuda de Moscú.
Ese apoyo fue otorgado, no a todos los reformistas, sino sólo a los más
reaccionarios: Caballero representaba a la aristocracia obrera del Partido
Socialista, mientras que Negrín y Prieto, miraban siempre hacia la
burguesía.15
Negrín ha
vencido a Caballero gracias a la ayuda de Moscú.16
Es cierto
que los socialistas de izquierda y los anarquistas, prisioneros del Frente
Popular, se han esforzado por salvar de la democracia todo lo que podía ser
salvado. Pero como no han sabido movilizar a las masas contra los gendarmes
del Frente Popular, sus esfuerzos, a fin de cuentas, se han reducido a
piadosas lamentaciones.17
De esta
forma, los estalinistas se han aliado con el ala más derechista, más
abiertamente burguesa, del Partido Socialista. Han dirigido sus golpes
contra la izquierda, contra el POUM, los anarquistas y los socialistas de
izquierda, es decir, contra los agrupamientos centristas que, aunque
deformadamente, reflejaban la presión de las masas revolucionarias. Este
acto político, significativo en sí mismo, da idea de la degeneración de
la Komintern durante los últimos años. Hace tiempo definimos al
estalinismo como centrismo burocrático; los acontecimientos han aportado
cierto número de pruebas a la justeza de esta afirmación, y sin embargo,
actualmente, no corresponde a la realidad. Los intereses de la burocracia
bonapartista no encajan con el carácter híbrido del centrismo. En su
búsqueda de entendimiento con la burguesía, la pandilla estalinista sólo
es capaz de aliarse a los elementos más conservadores de la aristocracia
obrera mundial. Debido a esto queda definitivamente establecido el carácter
contrarrevolucionario del estalinismo en la arena mundial.18
Las ventajas contrarrevolucionarias del estalinismo
Aquí
llegamos a la clave de la solución del problema: ¿como y por que el
Partido Comunista español, insignificante tanto por su número como por su
dirección, ha sido capaz de concentrar en sus manos todos los resortes del
poder, a pesar de la presencia de las organizaciones socialistas,
incomparablemente más poderosas? La explicación corriente, según la cual,
los estalinistas han conseguido el poder gracias a las armas soviéticas, es
superficial. Moscú ha recibido el oro español a cambio de sus armas.
Según las leyes del mercado capitalista, esto bastaba. ¿Cómo ha
conseguido Stalin el poder en esta operación? Corrientemente se suele
responder: al acrecentar su autoridad ante las masas a base de sus
abastecimientos, el gobierno soviético ha podido conseguir, como condición
de su ayuda, medidas decisivas contra los revolucionarios, apartando de esta
forma de su camino a peligrosos adversarios. Esto es indiscutible, pero sin
embargo no es más que un aspecto del problema, el menos importante. A pesar
de la "autoridad" adquirida gracias a los abastecimientos militares, el
Partido Comunista español ha seguido siendo una pequeña minoría,
encontrando de parte de los obreros un odio cada vez mayor.19 Por otra parte no bastaba con que Moscú pusiese las
condiciones, hacia falta que Valencia las aceptase. Éste
es el fondo del problema, ya que no sólo Companys y Negrin, sino Caballero,
cuando era presidente del Consejo, se rebajaron, de más o menos buena gana,
ante las exigencias de Moscú. ¿Por qué? Porque también estos señores
querían mantener la revolución en su marco democrático burgués. Ni
los socialistas, ni siquiera los anarquistas, se han opuesto seriamente al
programa estalinista. Ellos mismos temían la ruptura con la burguesía. Se
aterrorizaban ante cada nueva ofensiva revolucionaria de los obreros. Stalin
ha sido el salvador de todos estos grupos, gracias a sus armas y a su.
ultimátum contrarrevolucionario. Efectivamente les aseguraba lo que
esperaban: la victoria militar sobre Franco, y simultáneamente, les
liberaba de toda responsabilidad sobre el curso de la revolución. Sé
apresuraron a quitarse las máscaras de socialistas, comunistas y
anarquistas, con la esperanza de poder volver a utilizarlas cuando Moscú
les hubiera restablecido la democracia burguesa. Para colmo de facilidades,
estos señores podían justificar su traición hacia el proletariado por la
necesidad de la alianza militar con Stalin. Por su parte, este último
justificaba su política contrarrevolucionaria por la necesidad de la
alianza con la burguesía republicana. únicamente
desde este punto de vista más amplio, queda claro para nosotros la
angélica paciencia que han demostrado
frente a los representantes de la G.P.U. estos campeones del derecho y la
libertad que son Azaña, Companys, Negrín, Caballero, García Oliver y los
demás. Si no pudieron escoger, como afirman ellos mismos, no es únicamente
porque no tenían recursos para pagar aviones y tanques de otra forma que no
fuera con "cabezas" de revolucionarios y con los derechos de los obreros,
sino porque les era imposible realizar su propio programa "puramente
democrático", es decir, antisocial, y por otros métodos que no fueran los
del terror. Cuando los obreros y los campesinos se comprometen en el camino
de la revolución, es decir, se apoderan de las fábricas, de las grandes
propiedades, y expulsan a los antiguos propietarios, tomando localmente el
poder, entonces, la contrarrevolución, burguesa-democrática, estalinista o
fascista -para el caso es lo mismo- no tiene otro método para detener al
movimiento revolucionario que la violencia, el engaño y la mentira. La
ventaja de la pandilla estalinista en esta vía consiste en que comenzó
inmediatamente a aplicar estos métodos, que desbordaban a Azaña, Companys,
Negrin y sus aliados de "izquierda".
Stalin confirma a su manera la teoría de la revolución permanente
Así
es como se han enfrentado dos programas en el territorio español. Por una
parte el de la salvaguardia a cualquier precio de la propiedad privada
contra el proletariado, y si fuera posible, la salvaguardia de la democracia
contra el fascismo. Por otra, el programa de la abolición de la propiedad
privada, gracias a la conquista del poder por el proletariado. El primero
expresaba el programa del gran capital, por medio de la aristocracia obrera,
las franjas mejor situadas de la pequeña burguesía, y sobre todo, por
medio de la burocracia soviética. El segundo traducía, en lenguaje
marxista, las tendencias del movimiento revolucionario de masas, no
plenamente conscientes, pero poderosas. Para desgracia de la revolución,
entre el puñado de bolcheviques y el proletariado se levantaba el muro
contrarrevolucionario del Frente Popular. Por
su parte, la política del Frente Popular no quedó determinada de ninguna
forma por el chantaje de Stalin, en tanto que abastecedor de armas. Sin duda
el chantaje va incluido en las condiciones internas de la propia
revolución. Durante los seis últimos años, el fondo social de ésta fue
la creciente ofensiva de las masas contra la propiedad semifeudal y
burguesa. Ha sido precisamente la necesidad de defender esta propiedad la
que ha empujado a la burguesía a los brazos de Franco. El gobierno
republicano había prometido a la burguesía defender la propiedad a base de
medidas "democráticas", pero sufrió una completa derrota, sobre todo en
julio de 1936. Cuando la situación de la propiedad privada se hizo aún
más amenazante que la propia situación militar, los demócratas de todo
tipo, incluidos los anarquistas, se inclinaron ante Stalin, y este último
no encontró en su arsenal otros métodos que los de Franco. Sin
persecución contra los trotskystas, los poumistas, los anarquistas
revolucionarios y los socialistas de izquierda, sin bajas calumnias,
documentos falsificados, torturas en las prisiones estalinistas,
asesinatos por la espalda; sin todo eso, la bandera de la burguesía no
hubiera durado ni dos meses junto a la bandera republicana. La G.P.U. se
hizo dueña de la situación porque se defendió más consecuentemente que
los demás, es decir, con más trampas, los intereses de la burguesía
contra el proletariado. Durante su lucha contra la revolución socialista,
el demócrata Kerensky buscó en primer lugar un apoyo en la dictadura
militar de Kornilov, después intentó entrar en Petrogrado en los vagones
del general monárquico Krasnov; por otra parte, los bolcheviques, para
llevar la revolución democrática hasta el final, se vieron obligados a
derrocar al gobierno de los charlatanes y parlanchines democráticos. Al
hacer esto, acabaron de paso con todas las tentativas de dictadura militar o
fascista. La
revolución española demuestra que es imposible defender la democracia
contra las masas revolucionarias de otra forma que no sea por los métodos
de la reacción fascista. Y a la inversa, es imposible llevar una lucha
contra el fascismo de otra forma que no sea por los métodos de la
revolución proletaria. Stalin ha luchado contra el trotskysmo (la
revolución proletaria) a base de medidas bonapartistas y de la G.P.U. Esto
refuta de una vez para siempre la vieja teoría menchevique, de la que se ha
apropiado la Komintern, teoría que hace de la revolución socialista dos
capítulos independientes, separados uno de otro por el tiempo. La
actuación de los verdugos de Moscú, confirma a su manera, la teoría de la
revolución permanente.
El papel de los anarquistas
Los
anarquistas no han tenido ninguna posición independiente en la revolución
española. No han hecho más que oscilar entre el bolchevismo y el
menchevismo. O más exactamente, los obreros anarquistas tendían a buscar
una salida en la vía bolchevique (19 de julio, jornadas de mayo), los
dirigentes, por el contrario, empujaban con todas sus fuerzas a las masas
hacia el campo del Frente Popular, es decir, al régimen burgués.20 Los
anarquistas han dado pruebas de una fatal incomprensión de las leyes de la
revolución y de sus tareas, ya que limitaron la revolución a los
sindicatos, es decir, a las organizaciones de tiempo de paz, impregnadas de
rutina e ignorantes de lo que pasaba fuera de ellas, en las masas, en los
partidos políticos y en el aparato de estado. Si los anarquistas hubiesen
sido revolucionarios, hubiesen llamado ante todo a la formación de soviets
que reuniesen a todos los representantes de la ciudad y del campo,
incluyendo a los millones de hombres superexplotados que jamás habían
entrado en un Sindicato. Naturalmente, los obreros revolucionarios hubieran
tomado una posición dominante en los soviets. Los estalinistas hubieran
estado en una proporción insignificante. El proletariado se habría
convencido de su fuerza invencible. El aparato de estado no hubiera sido
tomado en cuenta para nada. No hubiera hecho falta un golpe demasiado fuerte
para que este aparato cayera a tierra. La revolución socialista hubiera
recibido un poderoso impulso. El proletariado francés no hubiera seguido
permitiendo a Léon Blum. bloquear la revolución por más tiempo al otro
lado de los Pirineos. La
burocracia de Moscú no hubiera podido permitirse tal lujo. Las más
difíciles cuestiones se hubieran resuelto solas. En
lugar de esto, los anarquistas, que intentaron refugiarse en la política de
los sindicatos, se convirtieron, con gran asombro de todo el mundo, y
empezando por ellos mismos, en la quinta rueda del carro de la democracia
burguesa.21 No por mucho tiempo, pues la quinta rueda no le sirve a nadie.
Después que García Oliver y Cia. ayudaron a Stalin y a sus adictos a robar
el poder a los obreros, los propios anarquistas fueron expulsados del
gobierno del Frente Popular.
Disimularon su terror de pequeño burgués ante el grande, de
pequeño burócrata ante el gran burócrata, a base de llorosos discursos
sobre la santidad del frente único (de las victimas con los verdugos) y
sobre la imposibilidad de admitir toda dictadura, incluida la suya propia. "Hubiéramos
podido tomar el poder en julio de 1936 Hubiéramos podido tomar el poder en
mayo de 1937 ... " De esta forma es como imploraban los anarquistas a Negrin
y Stalin para que reconociesen su traición a la revolución. Un cuadro
repugnante. Una
sola autojustificación: "No tomamos el poder, no porque no pudiéramos,
sino porque no quisimos, porque estamos en contra de toda dictadura",22
etc., que encierra una
condena del anarquismo en tanto que doctrina contrarrevolucionaria.
Renunciar a la conquista del poder,
es dejárselo voluntariamente a los que lo
tienen, a los explotadores. El fondo de toda revolución ha consistido y
consiste en llevar a una nueva clase al poder, dándole así toda las
posibilidades de realizar su programa. Es imposible hacer la guerra sin
desear la victoria. Nadie hubiera podido impedir a los anarquistas que
establecieran, despues de la toma del poder, el régimen que les hubiera
parecido, admitiendo, evidentemente, que fuese realizado. Pero los
dirigentes anarquistas habían perdido la fe en ellos mismos. Se alejaron
del poder no porque estuviesen contra toda dictadura -de hecho, de buena o
mala gana...- sinoo porque habían abandonado totalmente sus principios,
habían perdido su coraje, si es que alguna vez tuvieron algo de esto.
Tenían miedo de todo, al aislamiento, a la intervención, al fascismo,
tenían miedo de Stalin, tenían miedo de Negrín. Pero a quién más
temían estos charlatanes era a las masas revolucionarias. El
que se niega a conquistar el poder, abandona inevitablemente toda la
organización obrera en los brazos del reformismo, haciendo de ella el
juguete de la burguesía; teniendo en cuenta la estructura de clase de la
sociedad, no puede ser de otra forma.23 Luchando
contra el fin, la toma del poder, los anarquistas no podían, a fin de
cuentas, dejar de luchar contra el miedo, la revolución. Los dirigentes de
la C.N.T., de la F.A.I., han ayudado a la burguesía no sólo a mantenerse
en la sombra del poder en julio de 1936, sino incluso a recuperar, pedazo a
pedazo, todo lo que habían perdido de golpe. En mayo de 1937 sabotearon la
insurrección de los obreros salvando así la dictadura de la burguesía.
Así pues el anarquista que no quería ser más que antipolítico, de hecho
se ha convertido en antirrevolucionario, y en los momentos más críticos,
en contrarrevolucionario. Los
teóricos anarquistas que, desde el gran examen de 1931-1937,
no hacen más que repetir los viejos cuentos reaccionarios sobre Kronstad,
afirmando que el estalinismo es el producto inevitable del marxismo, no
hacen más que demostrar que han muerto para la revolución. ¿Decís
que el marxismo es violencia en si, mismo y que el estalinismo es su
descendencia legítima? ¿Entonces por qué nosotros, los
marxistas-revolucionarios, luchamos a muerte contra el estalinismo? ¿Por
qué la pandilla estalinista ve en el trotskysmo a su enemigo principal?
¿Por qué toda proximidad con nosotros o con nuestra forma de actuar (Durruti,24
Nin,
Landau y los demás)25
obliga a
los gángsteres de Stalin a recurrir a una sangrienta represión? ¿Por que
por otra parte, los dirigentes anarquistas españoles, en la época de los
crímenes de la GPU, eran ministros de Caballero-Negrín,26
es decir,
de los servidores de la burguesía y de Stalin? ¿Por qué incluso ahora,
bajo el pretexto de la lucha contra el fascismo, los anarquistas siguen
siendo prisioneros voluntarios de Stalin-Negrín, es decir, de los verdugos
de la revolución? ¿Por su incapacidad para luchar contra el fascismo? Los
abogados del anarquismo que predican contra Kronstad y por Makhno no
engañan a nadie.27
Tanto en
el episodio de Kronstad como en la lucha contra Makhno, nosotros defendimos
la revolución proletaria frente a la contrarrevolución campesina. Los
anarquistas españoles han defendido y defienden aún la contrarrevolución
burguesa frente a la revolución proletaria. Ningún sofisma hará
desaparecer de la historia el hecho de que el anarquismo y el estalinismo
están al mismo lado de la barricada, las masas revolucionarias y los
marxistas en el otro. Ésta es la verdad que penetrará para siempre en la
conciencia del proletariado.
El papel del POUM
No
es mejor la parte que le toca al POUM Ciertamente intentó apoyarse en la:
fórmula de la revolución proletaria (por esto los estalinistas han acusado
a los poumistas de trotskystas), pero la revolución no se contenta con
simples reconocimientos teóricos. En lugar de movilizar a las masas contra
los dirigentes reformistas, incluidos los anarquistas, el POUM. intentaba
convencer a estos señores de las ventajas del socialismo sobre el
capitalismo.28
A partir de este diapasón se concentraban todos
los artículos y discursos de los líderes del POUM Con tal de no alejarse
de los dirigentes anarquistas, no organizaron sus propias células en la
CNT.; y en general, no hicieron ningún trabajo en ella.29
Eludiendo
los conflictos agudos, no hicieron ningún trabajo en el ejército
republicano.30
En lugar
de esto, construyeron sus "propios sindicatos",31
sus "propias
milicias"32
que
defendían sus propios edificios y se ocupaban de sus propios sectores del
frente : Aislando la vanguardia revolucionaria de la clase, el POUM
debilitó a la vanguardia dejando a las masas sin dirección.
Políticamente, el POUM. ha estado incomparablemente más cerca del Frente
Popular, en el que cubría el ala izquierda, que del bolchevismo. Si el POUM
ha sido victima de una represión sangrienta y falaz, es porque el Frente
Popular no podía cumplir su cometido de aplastar a la revolución
socialista, más que acabando pedazo a pedazo con su propio flanco
izquierdo. A
fin de cuentas, a pesar de sus intenciones, el POUM ha resultado ser el
principal obstáculo en la vía de la construcción de un partido
revolucionario. Los partidarios platónicos o diplomáticos de la IV
Internacional que, como el dirigente del Partido Socialista revolucionario
de Holanda Sneevliet, han sostenido ostensiblemente al POUM.,, con su
carácter híbrido, su indecisión, su tendencia a evitar las cuestiones
candentes, en una palabra, su centrismo, se han echado sobre el hombro una
gran responsabilidad. La revolución no se acomoda al centrismo. Lo
desenmascara, lo aniquila. De pasada compromete a los abogados y a los
amigos del centrismo.33
Ésta es
una de las lecciones más importantes de la revolución española.
El problema del armamento
Los
socialistas y los anarquistas, que, intentan justificar su capitulación
ante Stalin por la necesidad de pagar las armas a Moscú, a base del
abandono de toda conciencia Y de todo principio, sencillamente mienten, y
además mienten tan estúpidamente. Seguramente muchos de ellos hubieran
preferido pasar sin asesinatos y sin falsificaciones, pero cada fin impone
sus propios medios. Desde abril de 1931, es decir, desde mucho antes de la
intervención militar de Moscú, los anarquistas y los socialistas han hecho
todo lo que han podido para frenar la revolución proletaria. Stalin les ha
enseñado como llevar esta tarea hasta el final. Se han convertido en los
cómplices de Stalin porque tenían los mismos objetivos políticos. Si
los dirigentes anarquistas hubieran sido
tan sólo un poco revolucionarios, desde el primer chantaje de Moscú,
hubieran podido responder no sólo con la continuación de la ofensiva
socialista, sino además por medio de la difusión ante la clase obrera de
las condiciones contrarrevolucionarias impuestas por Stalin.34" Al hacer esto, hubieran colocado la dictadura de Moscú entre
la revolución socialista y la dictadura de Franco. La burocracia
termidoriana teme y odia a la democracia. Pero también teme verse ahogada por el anillo fascista. Por otra parte depende de los
obreros. Todo esto permite suponer que Moscú se hubiera visto obligado a
proporcionar armas, y posiblemente a un precio más moderado. Pero
el mundo no se reduce al Moscú de Stalin. En año y medio de guerra civil
se podría haber hecho avanzar la industria de guerra española, adaptando
una serie de fábricas civiles a las necesidades de la guerra. Si este
trabajo no ha sido llevado a cabo se debe únicamente a que las iniciativas
de las organizaciones obreras han sido atacadas tanto por Stalin como por
sus aliados españoles. Una potente industria de guerra seria una poderosa
arma en manos de los obreros. Los jefes del Frente Popular prefieren
depender de Moscú. ' Precisamente
en esta cuestión es donde aparece de una forma particularmente clara el
nefasto papel del Frente. Popular, que imponía a las. organizaciones
obreras la responsabilidad de las transacciones de la burguesía con Stalin.
En la medida en que los anarquistas se encontraban en minoría,
evidentemente, no podían impedir al bloque dirigente que tomase los
acuerdos que le pareciesen convenientes con los amos de Moscú, París y
Londres, pero lo que sí podían y debían hacer es ser los mejores
combatientes en el frente, distinguir netamente las traiciones y los
traidores, y explicar la verdadera situación a las masas, movilizándolas
contra el gobierno burgués para acrecentar cada día sus fuerzas para, a
fin de cuentas, apoderarse del poder, y con él, de las armas de Moscú. ¿Pero
qué hubiera pasado si Moscú, debido a la falta del Frente Popular se
hubiera negado a entregar las armas?, ¿y qué` hubiera pasado -contestamos
nosotros- si la Unión Soviética no hubiera existido? Hasta ahora las
revoluciones no habían vencido gracias a protectores extranjeros que les
proporcionaran armas. Generalmente los protectores extranjeros estaban del
lado de la contrarrevolución. ¿Es necesario mencionar la intervención
francesa, inglesa y norteamericana contra la Unión Soviética? El
proletariado de Rusia venció a, la contrarrevolución interior e
internacional sin necesidad de apoyo material del exterior.. Las
revoluciones han vencido ante todo gracias a un programa socialista que da a
las masas la posibilidad de apoderarse de las armas que se encuentran en su
territorio y de dispersar Al ejército enemigo. El ejército rojo se
apoderó de las reservas militares francesas,. inglesas y norteamericanas,
arrojando al mar los cuerpos de expedicionarios extranjeros. ¿Y se ha
olvidado esto? Si
al frente de los obreros y campesinos armados, es decir, al frente de la
España republicana, hubiesen estado revolucionarios, en vez de cobardes
agentes de la burguesía, el problema del armamento no hubiera jugado un
papel tan grande. El ejército de Franco, incluyendo los rifeños coloniales
y los soldados de Mussolini, no estaba en ningún modo, asegurado contra el
contagio revolucionario.35 Rodeado
por todas partes por las llamadas de la revolución socialista, los soldados
fascistas hubieran quedado reducidos a una cantidad insignificante. No eran
las armas ni los "genios" militares lo que faltaba en Madrid y Barcelona; lo
que faltaba era un partido revolucionario.
Las
condiciones de la victoria
En el fondo, las condiciones de la victoria de las masas en la guerra civil contra los opresores eran muy sencillas: 1.
Los combatientes del ejército revolucionario deben tener plena conciencia
de que están luchando por su completa emancipación, y no por el
restablecimiento de la antigua forma (democrática) de explotación. 2.
Lo mismo debe hacerse comprender a los obreros y campesinos, tanto en la
retaguardia del ejército revolucionario como en la retaguardia del
ejército enemigo. 3.
La propaganda sobre su propio frente, sobre el frente enemigo y sobre las
dos retaguardias debe estar impregnada del espíritu de la revolución
social. La consigna "Primero la victoria, después las reformas" es la
consigna de todos los opresores y explotadores, empezando por los reyes
bíblicos y acabando por Stalin. 4.
La victoria viene determinada por las clases y las capas que intervienen en
la lucha. Las masas deben poseer un aparato de estado que exprese directa e
indirectamente su voluntad. Semejante aparato no puede ser construido más
que por los soviets de obreros, soldados y campesinos. 5.
El ejército revolucionario debe, no sólo proclamar, sino realizar
inmediatamente, en las provincias conquistadas, las más urgentes medidas de
la revolución social: expropiación y entrega a los más necesitados de las
reservas alimenticias existentes, redistribución de los alojamientos en
beneficio de los trabajadores, y sobre todo
de las familias de los combatientes, expropiación de la tierra y de
los instrumentos agrícolas en beneficio de los campesinos, establecimiento
del control obrero sobre la producción, y del poder soviético en lugar de
la antigua burocracia. 6.
Deben ser expulsados sin piedad del ejército revolucionario los enemigos de
la revolución socialista, es decir, los explotadores y sus agentes, incluso
si se cubren con la máscara de "demócrata", "republicano" "socialista" o "anarquista". 7.
A la cabeza de cada división debe encontrarse un comisario de irreprochable
autoridad, como revolucionario y como soldado. 8.
En cada división militar debe haber un núcleo homogéneo de los
combatientes más abnegados, recomendados por las organizaciones obreras.
Este núcleo sólo tiene un privilegio: ir el primero a la lucha. 9.
En los primeros tiempos, el cuadro de mando incluye necesariamente muchos
elementos extraños y poco seguros. Su comprobación y selección debe
hacerse en base a la experiencia militar, por medio de testimonios de los
comisarios y de notas de los combatientes de línea. Al mismo tiempo deben
emprenderse grandes esfuerzos en vista a la preparación de mandos
provenientes de las filas de los obreros revolucionarios. 10.
La estrategia de la guerra civil debe combinar las reglas del arte militar
con las tareas de la revolución social. No sólo en la propaganda, sino
incluso en las operaciones militares, es necesario contar con la
composición social de las diferentes partes del ejército
adversario (voluntarios burgueses ' "campesinos movilizados., o
como en el caso de Franco, esclavos coloniales) y, al escoger la línea de
operación, tener escrupulosamente en cuenta la cultura social de las
correspondientes regiones del país (regiones industriales, campesinas,
revolucionarias o reaccionarías, regiones de nacionalidades oprimidas,
etc.). En otras palabras: la política revolucionaria domina a la
estrategia. 11.
El gobierno revolucionario, en tanto que comité ejecutivo de los obreros y
campesinos, debe saber conquistar la confianza del ejército y de toda la
población trabajadora. 12.
La política exterior debe tener como principal objetivo despertar la
conciencia revolucionaria de los obreros, de los campesinos y de las
nacionalidades oprimidas del mundo entero.
Stalin ha asegurado las condiciones de la derrota
Como
se puede apreciar, las condiciones de la victoria son bien sencillas. Su
conjunto se llama revolución socialista. Ninguna de estas condiciones se ha
dado en España. La razón principal es la falta de un partido
revolucionario. Stalin ha intentado trasladar a España los procedimientos
externos del bolchevismo, buró político, comisarios, células, G.P.U.,
etc. Pero ha vaciado todas estas formas de su contenido socialista. Rechazó
el programa bolchevique, y con él, los soviets, en tanto que forma
necesaria de la iniciativa de las masas. Ha colocado la técnica del
bolchevismo al servicio de la propiedad burguesa. Con su estrechez
burocrática se imaginaba que los simples comisarios eran capaces de
asegurar la victoria. Pero los comisarios de la propiedad privada no son
capaces de asegurar mas que la derrota. El proletariado ha manifestado cualidades combativas de primera categoría. Por su peso específico en la economía del país, por su nivel cultural y político, se encontraba, desde el principio de la revolución, muy por encima del proletariado ruso a comienzos de 191736. Los principales obstáculos para la victoria fueron sus propias organizaciones. La pandilla dirigente, cómplices de la contrarrevolución, estaba formada por agentes pagados, carreristas, elementos desclasados y desechos sociales de todo tipo. Los representantes de las restantes organizaciones obreras, reformistas inveterados, charlatanes anarquistas, incurables centristas del POUM., gruñían dudaban, suspiraban, maniobraban, pero a fin de cuentas, se adaptaban al estalinismo. El resultado de todo su trabajo fue que el campo de la revolución socialista (obreros y campesinos) se encontró sometido a la burguesía, o, mas exactamente, a su sombra; perdió su carácter, perdió su sangre. No faltó ni el heroísmo de las masas ni el coraje de revolucionarios aislados. Pero las masas fueron abandonadas a si mismas y los revolucionarios fueron apartados de ellas, sin programa, sin plan de acción. La dirección militar se ocupó más de aplastar a la revolución socialista que de las victorias militares. Los soldados perdieron la confianza en sus mandos, las masas en su gobierno, los campesinos se situaron al margen, los obreros se hastiaron, las derrotas se sucedían, la desmoralización crecía. No era difícil prever todo desde el comienzo de la guerra civil. El Frente Popular estaba abocado a la derrota militar, ya que tenía como meta la salvaguardia del régimen capitalista. Colocando el bolchevismo patas arriba, Stalin cumplió con éxito el papel principal de sepulturero de la revolución.37 La
experiencia española -dicho sea de paso- demuestra que Stalin no
comprendió nunca nada de la Revolución de Octubre ni de la guerra civil.
Su lento carácter provinciano quedó desfasado en- relación a la impetuosa
marcha de los acontecimientos de 1917 a 1921. Todos los artículos de 1917
en los que expresaba ideas propias, con- tienen ya toda su posterior
doctrina termidoriana. En este sentido, el estalinismo de la España de
1937, es la continuación del estalinismo de la conferencia de marzo de
1917.38
Pero,
mientras que en 1917 sólo estaba aterrorizado por los obreros
revolucionarios, en 1937 los ha estrangulado; el oportunista se ha hecho
verdugo.
La guerra civil en la retaguardia
"¡Pero
para conseguir la victoria sobre los gobiernos Caballero-Negrin, hubiera
sido necesaria una guerra civil en la retaguardia del ejército republicano!"
chilla aterrado el filósofo demócrata. Como si no existiera ya, sin
necesidad de esto, en la España republicana, la guerra más pérfida y
deshonesta, la guerra de los propietarios y explotadores contra los obreros
y campesinos. guerra incesante se traducirá en arrestos, asesinatos de
revolucionarios, desarme de los obreros, armamento de la policía burguesa,
abandono en el frente, sin armas ni recursos, de destacamentos obreros, y
finalmente, en el pretendido interés por desarrollar la industria de
guerra. Cada
uno de estos actos constituirá un fuerte golpe para el frente, una evidente
traición militar dictada por los intereses de la burguesía. Sin embargo,
el filisteo demócrata, ya sea estalinista, socialdemócrata o anarquista,
juzga la guerra civil de la burguesía contra el proletariado, incluso en la
retaguardia cercana al frente, como una guerra natural e inevitable, que
tiene como fin "asegurar la unidad del Frente Popular". Por el contrario, la
guerra civil del proletariado
frente a la contrarrevolución republicana es, desde el punto de vista del
mismo filisteo, una guerra criminal,
"fascista", "trotskysta", que rompe la unidad de las fuerzas
antifascistas. Decenas de Norman Thomas, de mayor Attle, de Otto Bauer, de
Zyromsky, de Malraux, y de pequeños traficantes de mentiras tipo Duranty y
Louis Fischer, difunden esta sabiduría por todo el mundo. Mientras tanto,
el gobierno del Frente Popular se traslada de Madrid a Valencia y de
Valencia a Barcelona. Si,
como lo confirman los hechos, la revolución socialista es la única capaz
de acabar con el fascismo, no es menos cierto que la insurrección del
proletariado no se puede concebir más que cuando la clase dominante está
aterrorizada por grandes dificultades. Sin embargo, los filisteos
demócratas invocan precisamente estas dificultades para demostrar que la
insurrección proletaria es inadmisible. Si el proletariado está esperando
a que sean los filisteos demócratas los que vayan a anunciarle la hora de
su emancipación, seguirá siendo esclavo eternamente. La primera tarea, y
la principal, de la revolución, es enseñar a los obreros a reconocer a los
filisteos reaccionarios bajo todas sus máscaras, y a despreciarlos, sea
cual sea esta máscara.
El desenlace
La
dictadura del estalinismo en el campo republicano, por su propia naturaleza,
no podrá prolongarse por mucho tiempo. Si las derrotas provocadas por la
política del Frente Popular empujan una vez mas al proletariado a una
ofensiva revolucionaria, esta vez victoriosa, la pandilla estalinista
quedará marcada al rojo vivo. Pero si, como es probable, Stalin consigue
acabar su trabajo de sepulturero de la revolución, incluso en este caso,
nadie le estará agradecido. La burguesía española le ha necesitado como
verdugo, pero no le es útil como protector y preceptor. Desde su punto de
vista, Londres y París por una parte, Roma y Berlin por otra, son mucho
más serios que Moscú. Es posible que Stalin prefiera retirarse de apaña
antes de la catástrofe definitiva. Intentará hacer caer la responsabilidad
de la derrota sobre sus propios aliados. Después de lo cual, Litvinov
solicitaría a Franco el. restablecimiento de las relaciones diplomáticas.
Esto es algo que ya hemos visto muchas veces.39 Sin
embargo, la completa victoria del ejército republicano sobre Franco, no
significa en modo alguno el triunfo de la democracia. Los obreros y
campesinos han conducido dos veces a los republicanos y a sus agentes al
poder: en abril de 1931, y en febrero de 1936. Las dos veces, los héroes
del Frente Popular han cedido la victoria del pueblo a los representantes
más reaccionarios de la burguesía. La tercera victoria conseguida por los
generales del Frente Popular significaría su inevitable acuerdo con la
burguesía fascista, a espaldas de los obreros y campesinos. Un régimen de
este tipo, no sería más que otra forma de dictadura militar, incluso sin
Monarquía, ni dominio abierto de la Iglesia Católica. En
fin, es posible que las victorias parciales de los republicanos sean
utilizadas por los intermediarios anglofranceses " desinteresados " con el
fin de reconciliar a los beligerantes. No es difícil de comprender que, en
una variante de este tipo, los últimos restos de democracia, serían
ahogados por los fraternales abrazos de los generales Miaja (comunista) y
Franco (fascista).40
Una vez más,
sólo puede vencer, o bien la revolución socialista., o bien el fascismo. Por
otro lado, no está excluido que la tragedia dé lugar, en el último
momento, a una farsa. Cuando los héroes del Frente Popular tengan que
abandonar su última capital, antes de subir al barco o- al avión,
proclamarán una serie de reformas socialistas, para dejar al pueblo buen
recuerdo de ellos. Sin embargo esto no servirá para nada. Los obreros del
mundo entero se acordarán con rabia y con desprecio de los partidos que han
llevado a la derrota a una heroica población. La
trágica experiencia de España es una amenazadora advertencia, puede que la
última ante acontecimientos más grandiosos, dirigidos a todos los obreros
del mundo. Según las palabras de Marx, las revoluciones son las locomotoras
de la historia, avanzan más rápidas que el pensamiento de los partidos
revolucionarios a medias o a cuartas. El que se para, cae bajo las ruedas de
la locomotora. Además, y éste es el peligro principal, la propia
locomotora descarrila a menudo. El problema de la revolución debe ser
meditado hasta el fondo, hasta sus últimas consecuencias concretas. Hay que
conformar la política a las leyes fundamentales de la revolución, es
decir, al movimiento de las clases en lucha, y no a los temores y a los
prejuicios superficiales de los grupos pequeñoburgueses, que se autotitulan
Frente Popular, y otro montón de cosas. En la revolución, la línea de
menor resistencia resulta ser la de peor bancarrota. El miedo a aislarse de
la burguesía conduce a aislarse de las masas. La adaptación a los
prejuicios conservadores de la aristocracia obrera, significa la traición a
los obreros y a la revolución. El exceso de prudencia es la más funesta de
las imprudencias. Ésta es la principal lección del derrumbe de la
organización política más honesta de España: el POUM., partido
centrista. Los grupos del Buró de Londres, o no quieren o no saben sacar
las conclusiones necesarias de la última advertencia de la Historia. Por
eso mismo, van derechos hacia su propia derrota. Por el contrario ahora
existe una nueva generación de revolucionarios que se educan con las
lecciones de las derrotas. Ha podido confirmar en la práctica la
reputación ignominiosa de la II Internacional. Ha podido medir la profunda
caída de la III. Ha aprendido a juzgar a los anarquistas, no por sus
palabras, sino por sus actos.
Hermosa e inapreciable escuela, pagada con la sangre de innumerables
combatientes. Los cuadros revolucionarios actualmente se agrupan bajo la
bandera de la IV Internacional. Ha nacido bajo el estruendo de la derrota,
para conducir a los trabajadores a la victoria.
Coyoacán, 17 de diciembre de 1937. |
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Notas 1 T. 4258. B.O nº 62-63, feb. 1938, pp. 7-14. Este estudio fue acabado el 17 de diciembre y enviado por Trotsky el 24 a sus camaradas americanos. Apareció en enero y febrero en la prensa trotskysta internacional (La Lutte ouvriére, 27 de enero y 3 de febrero de 1938) y posteriormente en forma de folleto. 2 . Es indudable que uno de los aspectos de la "ayuda" de la Unión Soviética al gobierno republicano español, el envío de "consejeros militares", respondía a la necesidad de educar cuadros y de asimilar las "lecciones" de la guerra en vista del conflicto mundial que se acercaba. Durante mucho tiempo han estado envueltas en misterio la verdadera identidad de los oficiales rusos que sirvieron en España -a los que se llamaba "mejicanos", o incluso "gallegos" y que en Rusia fueron los "españoles". En primer lugar porque su permanencia fue mantenida en secreto a causa de la política de "no intervención", y además, porque después de acabada la guerra, por parte de Rusia no había ningún interés en divulgarlo -teniendo en cuenta la utilización del mito español- que como ha subrayado Roy Medvedev: "Stalin mató más combatientes (rusos) en la guerra de España que las propias balas fascistas." (Roy Medvedev, Let History Judge, p. 248.) Los principales "consejeros militares" fueron sucesivamente los generales Berzine, Stern y "Maximov". Ian Berzine, viejo bolchevique letón, había sido jefe de los servicios de información soviéticos, conocido en España con el nombre de general Grichine; fue reclamado y fusilado en 1937. Sería rehabilitado en tiempos de Kruschev, al mismo tiempo que su colaborador Richard Sorge. El general Grigori Stern, -en España el general Grigorevitch- fue confundido a menudo con Manfred Stern, más conocido en España con el nombre de general Kléber, de las Brigadas Internacionales, oficial del ejército rojo al igual que él. No sería fusilado hasta 1941, al mismo tiempo que el general Smoutchkievitch, llamado general Douglas, que había dirigido la aviación rusa en España, y el general Dimitri Paulov, llamado Pablo, jefe de los tanquistas. El agregado militar de la embajada, el general Vladimir Goriev, tuvo un papel fundamental en la defensa de Madrid, dejando el recuerdo de un hombre valiente, competente y recto. También sería llamado en 1937 y fusilado al mismo tiempo que dos de sus principales colaboradores, los coroneles Ratner y Lvovitch, llamado Loti. Su ex secretario, el profesor "hispanoamericano" José Robles, amigo de John Dos Passos, acusado de ser "poumista", desaparecería, seguramente eliminado también por la GPU El general Grigori Kulik, llamado Kupper, probablemente alto responsable de la NKVD, dejó el recuerdo de hombre tan incompetente como brutal. Fue consejero del general Pozas. Sería fusilado en 1941, después de los primeros fracasos del ejército rojo. El futuro general Kiril Meretzkov, era, en España, el coronel Petrovich, arrestado a su vuelta a la U.R.S.S., sería finalmente puesto en libertad, física y moralmente derrotado a causa de su detención, lo que no le impidió ascender a mariscal. Sus memorias, recientemente publicadas, no dedican a España más que breves palabras, y no hacen alusión a su detención. Entre los que escaparon a la masacre a su vuelta a la U.R.S.S., hay que citar al futuro mariscal Voronov -el coronel Volter- y Malinovsky -coronel Malino o Manolito- el futuro general Pavel Batov-Fritz Pablo, consejero de las brigadas internacionales, al general húngaro Lukács, el futuro general Hajdi Manlsourov -quizá consejero de Durruti con el nombre de Xanti-, el futuro almirante Kournetzov -conocido con el nombre de Nicolás o Kolia-, el futuro mariscal Rodimtsev, llamado capitán Pablito. No tenemos información del destino de algunos de ellos, cuyo papel fue importante, como el coronel Valois, que se llamaba realmente Boris Simonov. De otros no sabemos nada, como del a menudo citado general Maximov. Nada atestigua la presencia en España, afirmada por algunos autores, de los futuros mariscales Rokossovsky, Soukov y Koniev. Incluso hoy es imposible saber si los militares "españoles" fueron ejecutados en la U.R.S.S. durante las purgas del ejército (el asunto Tujachevsky), o si lo fueron en tanto que "españoles", incómodos testigos de la política de Stalin en España, como lo serían los "políticos", periodistas y diplomáticos, como KoItsov, Marcel Rosenberg, Antonov-Ovseenko, Artur Stachevsky, o los "policias" Sloutsky, Spiegelgiass, etc 3 El órgano de las JCI de Madrid, La Antorcha, había expresado ya la misma idea: "La pequeña burguesía, ella sola, era incapaz de militarizar al proletariado. Para esto le hacia falta el prestigio de algunos partidos proletarios. Éste fue el significado de la crisis del gobierno Giral, y del ejercicio del poder por las organizaciones proletarias en nombre de la democracia burguesa. ("¿Militarización? ¡No, disciplina!", La Antorcha, 17 de octubre de 1936.) 4 Este fenómeno se describe en la obra de César M. Lorenzo, Les anarchistes espagnos et le pouvoir. La simpatía del autor que pertenece a una familia de militantes libertarios, no disimula de ninguna forma la derrota de los dirigentes anarquistas, que renegaron de su propia doctrina y barrieron sus propias enseñanzas en nombre de las "circunstancias excepcionales" 5 El antiguo dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas y militante del P.C.E., Federico Melchor, afirmaba, por ejemplo, en enero de 1937: "Hoy en día no tenemos que hacer una revolución social: estamos desarrollando la revolución democrática." (Organicemos la producción, pp. 6-8.) Antonio Mitje, miembro del Buró Político, del PCE. escribía: "Cuando incluso algunos tenían miedo de citar la revolución democrática, nosotros, los comunistas, no nos oponemos a explicar a los elementos impacientes que no comprenden la situación, que era políticamente correcto defenderla contra el fascismo." (Mundo Obrero, 18 de mayo de 1938.) Esta política, anticipación de la lucha contra "el izquierdismo", y todo lo que era calificado como tal, encontraba su expresión más simplficada en la célebre consigna " ¡Primero vencer a Franco! " 6 La más clara ilustración de esta afirmación se encuentra en la acción realizada la mañana del 19 de julio, sobre todo en las vastas medidas de expropiación y de colectivización tomadas en toda España a gran escala. 7 Un ejemplo de esto es el decreto del gobierno Largo Caballero, tomado a iniciativa del ministro comunista de Agricultura Vicente Uribe, relativo a la "expropiación sin indemnización y en favor del estado" de los latifundios cuyos propietarios estén ligados a la rebelión militar. El criterio de apropiación de tierras no era social, sino político, y debido a esto fue puesto en tela de juicio por los propietarios que habían sobrevivido o no se encontraban en la zona franquista. Ya que se situaba en el marco del respeto a la propiedad privada, el decreto Uribe, permitió de esta forma la devolución de las tierras expropiadas por los campesinos pobres a los propietarios prudentes, afortunados, o absueltos sencillamente por los tribunales. Tuvo como principal consecuencia política acabar con la confianza de los campesinos en la solidez de sus conquistas. 8 G. Dimitrov (1882-1949), comunista búlgaro, se hizo famoso por-el proceso que le hicieron los nazis después del incendio del Reichstag, del que le acusaban. Después de su liberación, se convirtió en uno de los héroes del movimiento comunista internacional. Fue nombrado secretario general de la Internacional Comunista en el VII Congreso, en el que fue el principal portavoz de la nueva línea de los "Frentes Populares." 9 Periodista americano, corresponsal de prensa en Moscú durante muchos años, "amigo de la U.R.S.S.", Louis Fischer, era uno de los blancos favoritos de Trotsky, que le trataba como genuino representante del liberal burgués proestalinista. 10En su "Nota Diaria", La Batalla del 6 de febrero de 1937, Juan Andrade señala que la censura estalinista en Madrid había llegado a censurar pasajes del Manifiesto Comunista, reproducidos en El combatiente rojo, órgano de las milicias del POUM. en Madrid. 11 Aquí Trotsky se apoya sólidamente en la tradición marxista. En 1848, Karl Marx en La lucha de clases en Francia, se había alegrado de forma casi provocante del estallido del "Frente Popular" anticipado que constituía el agrupamiento de los obreros detrás de los dirigentes demócratas como Ledru-Rollin, y de la aparición, en su contra, del "partido obrero", con la candidatura de Raspail en las elecciones presidenciales de diciembre. "Ledru-Rollin y Raspail, eran respectivamente los nombres de la democracia burguesa y del proletariado. Los votos para Raspail -los proletarios y sus portavoces los socialistas lo declaran bien alto- debían ser una demostración en contra de los votos por Ledru Rollin, el primer acto por el que el proletario se separaba en tanto que partido político independiente del Partido demócrata. Señalemos que Marx era indiferente tanto a los resultados de estas elecciones, en definitiva secundarios, como a las reacciones de "hostilidad" de la "opinión pública" demócrata frente a esta candidatura de "división": según su opinión, lo importante era que contribuía a la unión de los obreros, de su clase, sobre una base clasista. 12 Una parte de esta "sombra", evidentemente estaba constituida por la burguesía internacional, cuyas exigencias en materia de pagos, cambios, etc., actuaban en el sentido del adormecimiento de las reivindicaciones revolucionarias. La necesidad de no alejarse de los "gobiernos democráticos" constituía uno de los argumentos más utilizados por los defensores de la política del Frente Popular. Comorera, dirigente del P.S.U.C. en Cataluña, declaraba en un míting: "En el bloque de las potencias democráticas, el factor decisivo no es Francia, sino Inglaterra. Es esencial que los camaradas de nuestro partido observen esto, a fin de moderar las consignas Debemos comprender que los grandes capitalistas de Inglaterra son capaces de llegar a un acuerdo en cualquier momento, con los capitalistas italianos y alemanes, sí llegan a la conclusión de que no tienen otra cosa que escoger respecto a España. Debemos de ganar la benévola neutralidad de este país, cuando no su ayuda directa." (Treball, 2 de febrero de 1937). 13 El célebre financiero J. March había sido uno de los principales instigadores del levantamiento militar. La totalidad de los hombres de negocios españoles estaban en el campo franquista: el director de Hispano-Suiza, salvado en 1936 por intervención de Leon Blum, sería nombrado alcalde de Barcelona en 1939 14 Sin embargo se puede señalar que durante el verano de 1937, un ministro católico vasco, el pequeño industrial Manuel de Irujo, tomaría sus medidas respecto a los crímenes estalinistas cometidos bajo su jurisdicción y en el marco de su ministerio, contribuyendo, aunque de forma limitada, a darlos a conocer. 15 Largo Caballero tenía una larga carrera de responsable sindical, como dirigente de la UGT., en cuyo seno siempre había dispuesto de una sólida base -sobre todo entre los trabajadores más cualificados y mejor pagados. Prieto, hombre de negocios y propietario de un periódico, y el doctor Negrín, médico y profesor, ante todo, se encontraban ligados a la burguesía liberal y gozaban de gran estima en los círculos políticos pequeñoburgueses 16 Las primeras iniciativas contra Largo Caballero, vinieron del Partido Comunista Español, y sobre todo de los representantes de la Internacional Comunista en España, como P. Togliatti. 17 Después de la escisión de la UGT, cuyo motor fueron los militantes del Partido Comunista de España, bajo la protectora cobertura de los socialistas de derecha como Ramón González Peña, Largo Caballero intentó montar una campaña pública, que en definitiva se reduciría a una sola intervención, por otra parte resonante, que tuvo lugar en Madrid el 17 de octubre de 1937. Después de este éxito inicial, el gobierno le vigiló. Largo Caballero se calló, reduciendo su actividad a la lucha -limitada- contra la represión, interviniendo, por ejemplo, como testigo de la defensa en el proceso de los dirigentes del POUM. 18 En el Programa de Transición, adoptado en 1938 en la conferencia de fundación de la IV Internacional, Trotsky hace trascender el "paso definitivo de la Internacional Comunista al lado del orden burgués" a la derrota alemana y a la toma del poder por Hitler 19 En una obra aparecida en 1971, G. Hermet, con fuentes del PCE. escribe que "el partido contaba en marzo de 1937 con un 55 % de campesinos, con mayoría de pequeños propietarios, y un 10 % de clases medías y profesiones liberales, contra sólo un 35 % de obreros industriales" Añade que el "53 % de los miembros se encuentran en el ejército", y habla de la "ruralización" y el "aburguesamiento de los efectivos comunistas" durante la guerra civil. (Les communistes en Espagne, pp. 46-49.) Es indudable que el PCE., que se había convertido en el partido del orden", debía servir de refugio a los partidarios del "orden" -que no suelen reclutarse fundamentalmente en el medio obrero. 20 En julio de 1936, al igual que en mayo de 1937, no sólo la masa de los obreros influidos por el anarquismo y el anarcosindicalismo, sino la mayoría de los cuadros obreros, se lanzaron a la lucha bajo una línea revolucionaria que tendía mas o menos conscientemente a la toma del poder por los trabajadores. Este carácter tuvieron los combate de julio en Barcelona, que acabaron por esbozar la leyenda del intrépido luchador Durruti. Por el contrario, durante todo este periodo, el papel de Horacio Prieto, secretario del Comité nacional de la C.N.T., fue decisivo siempre que se trataba de la colaboración entre la C.N.T. y el gobierno. García Oliver, antiguo dirigente de los llamados "anarco-bolcheviques", también jugó un papel decisivo, tanto en julio de 1936, utilizando su autoridad para preservar las instituciones de la Generalitat de Cataluña, con el presidente Companys a la cabeza, como en mayo de 1937 en Barcelona, frenando la movilización. 21. El ministro anarquista J. Peiró, miembro del gobierno Largo Caballero, escribía en Política, el 23 de febrero de 1937: "Nuestra victoria dependía y sigue dependiendo de Inglaterra y de Francia, pero con la condición de hacer la guerra y no la revolución ( ). Éste es el camino a seguir: hacer la guerra, y mientras tanto, limitarnos a preparar la revolución." 22 Haciendo un balance de esta época, el anarquista Santillán escribió después de la derrota: "Pudimos estar solos, imponer nuestra voluntad, declarar caduca la Generalitat, e imponer en su lugar un verdadero gobierno del pueblo , pero no creíamos en la dictadura cuando se ejercía sobre nosotros y no la deseábamos cuando podíamos ejercerla sobre los demás." (Santillán, Por qué perdimos la guerra, p. 169.) 23 Después de evocar en La Velada de Benicarló, el "levantamiento proletario" respondiendo a los golpes de los generales, Azaña escribe: "Una revolución necesita apoderarse de la autoridad, instalarse en el gobierno y dirigir el país según sus directrices. No lo hizo El antiguo orden podía haber sido reemplazado por otro, revolucionario. No pasó nada de eso, lo que trajo como consecuencia la impotencia y el desorden." (Op. cit., p. 96.) 24 La mención de Durruti en este paréntesis parece sugerir que Durruti se aproximó a las concepciones marxistas, y que fue asesinado por los estalinistas. Entre los revolucionarios circula desde hace mucho la versión según la cual su asesinato sería obra de la G.P.U. Sin embargo jamás ha sido probada. Este detalle histórico es minuciosamente debatido en la última parte de Durruti, le peuple en armes, de Abel Paz, que constata nuestras conclusiones. La propaganda estalinista se esforzó por recuperar la popularidad de Durruti en provecho propio, atribuyéndole la frase según la cual, estaba dispuesto a renunciar a "todo, menos a la victoria". La Izvestia del 23 de noviembre de 1936 afirmaban que se había acercado al P.C., haciéndose eco de un rumor según el cual se habría afiliado en secreto Numerosos testimonios reseñados por Abel Paz, la entrevista concedida por Durruti a Pierre Van Paasen (Toronto Star, 18 de agosto de 1936), el texto de su carta a los trabajadores soviéticos (CNT., 2 de noviembre de 1936), in extenso en Paz, op. cit., pp. 403-404), tiende a demostrar lo contrario. Durruti era consciente de la necesidad de llevar a cabo simultáneamente la guerra y la revolución: se había opuesto a la "militarización", haciendo reinar en su columna una verdadera disciplina. Algunos de sus compañeros más cercanos como el profesor Francisco Carreño, serían los que formarían en la primavera de 1937 el grupo de "Los amigos de Durruti", hos |